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sábado, 4 de julio de 2015

El bobo alcalde de Pamplona la va a liar en San Fermín

El señor alcalde de Pamplona, un ignoto historiante –licenciado en Historia pero no historiador- entregado a la causa batasuna, la va a liar en San Fermín. Sus ideas, además de su actitud personal bastante chulesca, le impelen a hacer el bobo; y como el sentido común, la responsabilidad y el saber estar son virtudes que en él brillan precisamente por su ausencia, el señor alcalde la va a liar en las fiestas.

Joseba Asirón, saliendo el Ayuntamiento de Pamplona
De momento, ya tiene previsto montar el consabido, pesado, estúpido e ilegal numerito de la ikurriña. Solo que este año, como es el señor alcalde, lo va a llevar a cabo nada menos que desde el propio edificio consistorial, es decir, (pseudo) oficialmente. Por lo que a él se refiere, hay dos cosas que se la soplan: el respeto a la ciudad de la que es regidor por obra y gracia de los chanchullos partidistas y la legalidad. Ninguna sorpresa. Más bien, un modo de vida.

Se ponga como se ponga, hay muchos ciudadanos pamploneses que no comulgan con sus ideas; poco más de nueve mil le han votado. Y, por muy batasunero que sea el muchacho, no tiene ni el más mínimo derecho a hacer lo que le da la gana. Sí, ya sé que es costumbre en este tipo de gente no solo hacerlo sino imponerlo al resto, aunque sea a pedradas, barricadas, tumultos, bofetadas y otras cosas. Pero no tienen el más mínimo derecho. Y mucho menos siendo alcalde.

Ciertamente, al señor Asirón le babea la boca ante una ikurriña pero eso es una enfermedad que, probablemente, no tiene tratamiento. En todo caso, puede pintar su habitación y el cuarto de estar, incluso el excusado, de rojo, verde y blanco. Esa es la parte personal y privada de la historia. Pero no debería usar y abusar del Ayuntamiento, mucho más trascendente que él mismo, para imponer su babeante enfermedad al resto.

Pamplona ya tiene su bandera. Navarra, cuya capital es Pamplona, ya tiene su bandera. España, país en el que se encuentra Navarra y Pamplona, ya tiene su bandera. Incluso la Unión Europea la tiene. Y ninguna de ellas es la dichosa ikurriña. De manera que sus deseos personales o sus objetos de culto, en su casa puede que estén bien –lo dudo-; pero no en el balcón del Ayuntamiento que, por mucho que se lo tenga creído, ni es suyo ni lo es de su formación, sino de todos los pamploneses que, en su mayoría, ni siquiera le han votado.

Pero como el mozo es así, el bobo alcalde de Pamplona la quiere liar en San Fermín.


Argako urretxindorra

jueves, 25 de junio de 2015

Er "Kishi" de Cái destronó al Rey

El señor alcalde y la consorte
Cada quien es muy libre de venerar al santo que le apetezca, aunque sea un pájaro de cuentas como Fermín Salvochea.

El Kichi, el nuevo y poco flamante alcalde de Cádiz –dicen que es un tal José María González Santos- tiene por religión ser ateo, ya saben, esa religión que tratan de imponernos nuestros actuales próceres a limpio despelote en nombre de la libertad y del progreso. La mala suerte, aunque algo han tenido que ver sus papás, le obliga a esa incoherencia nominal de ser José y María, nada menos, y por si quedaba duda, llevar a la toda la Corte Celestial de los Santos a cuestas en el apellido de mamá.

De todos modos, y pese a ello, ya se encarga el señor alcalde de poner en claro que lo suyo no es la Iglesia, la Católica. Supongo que de las demás religiones, sin contar la suya, tampoco debe ser muy devoto pero es un suponer mío porque no tengo leído nada suyo contra los islamitas, por nombrar una.

Como decía, el Kichi tiene verdadera devoción por un sujeto del siglo XIX, Fermín Salvochea Álvarez. El tal Fermín no puede ocultar su origen navarro, al menos por vía paterna: Fermín y Salvochea (Salboetxea, tal como se escribiría ahora). Y, en efecto, el padre de su padre viajó desde Navarra hasta Cádiz donde se instaló prósperamente, por cierto. Así que Fermín, revolucionario, anarquista y violento, fue hijo de familia bien, un burgués.

Fermín Salvochea
Debió de hacer cosas buenas, como todo el mundo; pero las desconozco salvo una que me parece digna de mención: repartió lo que le correspondió en herencia entre los más necesitados y vivió con una enorme austeridad, al menos, los últimos años de su vida.

Además de esa luz, tuvo sombras, algunas muy negras. Pero como no se trata de dar publicidad al mal, aquí lo dejo.

Y de aqueste senyor anda nuestro buen “Kichi” prendado; a tal punto que ha decidido colgarlo de la pared de su despacho de alcalde de Cádiz. Hasta ahí, mal que bien, asumible. Al fin y a la postre, don Fermín fue también alcalde de la Tacita de Plata, como el Kichi.

Donde la cosa se jode es cuando el señor regidor decide por sus güevos que antes de colgar al santo tiene que descolgar al Borbón, don Felipe. Les guste o no, estos señoritos extremo-izquierdosos son muy melodramáticos; se deshacen de gusto ante un número teatrero y más si consiguen el papel de galán –de chirigotero mayor, en este caso-.

El alcalde, el jefazo y don Fermín presidiendo
Lo que a mí me hace gracia de estas cosas es descubrir una y otra vez que, en realidad, la vena burguesa de estos chicos es mucho más profunda de lo que uno se puede imaginar: creen en la propiedad privada mucho más que el mismísimo Rockefeller. Pero su idea de cómo llegar a ella es distinta, menos agotadora: a través de lo público.

Ya saben: ahora el Kichies el alcalde, el Kichi ya tiene despacho, el Kichi destrona al Rey y el Kichi sube al altar a su Ferminico. Que para eso es su santo, es su despacho, es su alcaldía, es su soberana voluntad pero no es su rey.


Argako urretxindorra

lunes, 9 de septiembre de 2013

Un vídeo sobre un pleno del ayuntamiento de Mijas... ¡irrepetible!

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Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN





“Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón…” No todo habían de ser penas. Como hace tanto que no escribo y estoy desentrenado, me gustaría retomar la tarea de manera alegre y divertida.
Resulta que la historia, de poco más de dos minutos, tiene lugar en el salón de plenos del consistorio de Mijas. No tengo mucho más que contar. En realidad, se trata de un vídeo increíble.

La historia tiene dos personajes, a cual más grande, cada uno en su papel. Uno es el señor Porras (Juan Jesús Porras Blanco), que es concejal del ayuntamiento mijense por orden de las urnas. Representa, y cómo lo representa, al partido Alternativa Mijeña – Los Verdes, que, en realidad, pertenece al partido Equo. Este es un partido fundamentalmente divertido y gracioso; no hay más que entrar en su web: “EQUO. Un proyecto com_partido”. Ingenio a raudales, ¿eh?

El señor Porras es un portento. Es verdad que no tuvo tiempo de aprenderse sus frases para el papel, por eso tiene que estar leyendo. Y es verdad que no lee muy bien el hombre, pero se debe a que solo pudo hacerlo cinco veces antes de entrar en escena.

La verdad es que el guionista se pasó, porque cualquiera es capaz de reproducir el texto sin que le dé la carcajada. En eso tengo que decir que el director de casting ha estado acertadísimo al escoger al señor Porras. Observen, por ejemplo, la seriedad de su semblante, el rictus de solemnidad al leer su papel; con qué maestría es capaz de incluir esa maravillosa morcilla; “¿Puedo zeguí…? ¿Puedo zeguí hablando?” ¡Qué grande! Lo transcribo con z porque la c se me queda muy corta. Bueno, no está hablando, está leyendo, pero eso no tiene más importancia. Y qué rapidez mental, ¿eh? Porque el público asistente ahí ha estado mal. A mí me da la impresión de que hay un cierto cachondeíllo que no termino yo de ver a qué viene. Sin embargo, el señor Porras sale airoso del trance en el que le ponen los pérfidos asistentes, con aplomo, con gallardía. Bien, ¿eh?, bien.

Yo aconsejaría que vean el vídeo dos o, incluso, tres veces; aunque seguro que no siguen mi consejo porque son ustedes perezosos, me da la impresión, para todo aquello que supone cierta cultura, cierto esfuerzo intelectual. Y lo digo porque el guión del señor Porras es de altura.  Es un discurso inteligente a más no poder, lleno de apuntes históricos valiosísimos, de conceptos abstrusos elevadísimos que se hacen difícil de comprender en un solo intento para el perfil medio intelectivo de cualquiera que tenga la fortuna de escucharlo.

Puede suceder que ustedes, sobre la marcha, con malicia indisimulada, caigan en la misma actitud que la del público asistente. ¡Pues muy mal! No harán más que demostrar, una vez más, una falta de respeto hacia lo elevado, hacia lo que está más allá de sus posibilidades, inaceptable. Si en vez de repetir el vídeo por las razones que yo les indico, lo hacen porque se están partiendo de risa, y encima, lo hacen correr entre sus amistades con el mismo ánimo… no puedo reproducir aquí lo que pienso de ustedes.

En fin. Perdonen el acaloramiento, pero es que les veo venir.
  
El otro personaje hace el papel de alcalde en esta historia. El alcalde, Ángel Nozal es el malo. Pero malo, malo. Hombre, es verdad que él no lee. Es más, les diré que el director le indicó que improvisara, que se dejara llevar. Pero, claro, se gusta, se viene arriba y me deja a mi ídolo, el señor Porras, a la altura del betún de las deportivas que lleva calzadas, oséa, a la altura de nada. No quiero comentar más de este señor, el alcalde. Para no destripar el final de la historia –vean lo considerado que soy con ustedes-. Bueno, una cosa sí añado: lo que peor me sienta del alcalde es su inesperado cambio de tono para terminar dando la palabra al siguiente grupo. ¡Qué mala leche se gasta! No lo aguanto al tío.


Disfruten de 1’ 38’’ de cultura y horrorícense con los 34’’ del alcalde. Por cierto, del PP tenía que ser.




Arga-ko urretxindorra