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domingo, 26 de octubre de 2014

Terrorismo: Mi primer recuerdo de ETA

Los niños tienen una imaginación vital, desbordada. Crean, inventan, actúan. Aquellas cajas de zapatos eran camionetas con todo detalle. Aquellos palos torcidos y nudosos, espadas toledanas de la mejor calidad.

Teníamos batas de rayas blancas y azules verticales. Protegían la ropa de nuestras andanzas escolares y las manos de nuestras madres del jabón Chimbo y del azulete. Pero no eran solo batas. En primavera, a la vuelta del cole para comer en casa, se convertían en capas de cristianos y togas de moros.

La botonadura estaba por detrás; por eso, cada compañero de pupitre se la ataba al otro. A la salida, lo contrario.  Y, rápidamente, nada más traspasar la verja, cada uno cogía su bata y la convertía en capa o tocado. Los cristianos se ataban el primer botón por delante, a la altura del cuello, y dejaban colgando la bata por la espalda. Lo mismo hacían los moros, pero a la altura de la frente. Lo de estos era más incómodo porque apretaba mucho la cabeza. Había veces que esta era demasiado grande para el agujero que permitía el botón y, atada, se la echaban por encima del pelo, con lo que, cada dos por tres, se caía.

Y empezaba la batalla campal. Las espadas y las cimitarras eran invisibles, pero nosotros las veíamos brillar. De nuestros pequeños puños surgían y cortaban el aire haciendo ruido y entrechocaban haciendo ruido. De vez en cuando, en pelea enconada, se acaba el resuello de los contrincantes por un momento y espadas y cimitarras enmudecían, pero la pelea continuaba. El metal imaginado volvía rápido a sonar.

Los niños construyen con la imaginación de los restos que va dejando la vida. Crean con la alegría o con los miedos; con las historias oídas o con las experiencias vividas; con retazos de películas y con renglones de cuentos. Pero, curiosamente, no saben crear tragedias. En su imaginación no ocurren, a pesar de los miedos. Los niños aprenden la tragedia de los mayores, de la reacción de los adultos que les rodean.

Por eso, morir y matar en los juegos de aquellos niños no era trágico sino una parte necesaria de la diversión del juego.

Mi primera conciencia de tragedia es antigua y no muy clara. Pero sí me quedan escenas borrosas. Alguien había muerto y hacían, los mayores, empeño porque no me enterara de nada. Pero resulta imposible evitar la curiosidad de niño, especialmente cuando queda espoleada por el vano intento de ocultar el hecho.

Era uno de esos entreparientes al que yo no conocía y del que ni siquiera había oído hablar. Pero no fue una tragedia de lágrimas y desvanecimientos. Era una tragedia incomprensiblemente extraña. Una mezcla de enfado, rabia y vergüenza junto a la pena. Recuerdo mi silencio.

Años después supe de aquello. No me dejó marcado especialmente. El muerto era familiar de un familiar. No fue llorado en mi casa. Pero sí provocó tragedia, la primera para mí. Le había explotado una bomba que, junto con otro terrorista, estaba preparando. Murieron los dos. El pariente se llamaba Alberto y era joven. Recuerdo frases sueltas:

- Un chico tan joven, qué desgracia para sus padres.

- Hay que tener mucho cuidado con quién andan los hijos.

- No me lo podía imaginar; y sus padres tampoco.

- ¿A quién irían a matar? ¿Cómo pueden llegar a estas barbaridades?

- Cierra la puerta, que el crío aún no estará dormido.

Esta fue mi primera experiencia de una tragedia. En aquel momento, para mí, cosas que no entendía y que no me llamaban la atención más que por la importancia que le daban los mayores. Esta fue mi primera noción de que había gente que mataba a otros de verdad. Y esta fue la primera vez que oí la palabra ETA.


Argako urretxindorra

jueves, 23 de octubre de 2014

"Si España fuese un país normal el terrorismo contra esta gentuza estaría legalizado", S. D. N. escribió

Según tengo entendido, el juez Santiago Pedraz, de la Audiencia Nacional, ha dictado sentencia absolutoria para un tal S. D. N., de 39 años, que había sido detenido el pasado 28 de mayo en Teruel. Acusado en su momento de enaltecimiento del terrorismo, dice el juez Pedraz que no se puede concluir que las expresiones utilizadas por este señor respondan a una loa o justificación de delitos terroristas o de sus miembros.

Estima que tampoco entrañan un menosprecio para las víctimas, "toda vez que de las expresiones vertidas en las redes sociales no cabe ver una concreta exaltación de las acciones terroristas cometidas por una organización o sus miembros".

A juicio del magistrado "se sitúan más bien en la crítica a los políticos sin que hayan adquirido una amplia difusión pública al concretarse en el entorno de amistades ni hayan favorecido o alentado la comisión de actos terroristas".

El señor S. D. N. fue detenido en una operación de la Guardia Civil llamada Araña. Básicamente, se dedicó a escribir en las redes sociales lo que le pareció oportuno a raíz del asesinato de la Presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco. Cosas como:"Que gentuza de este calado no reciban un tiro en la cabeza sí que es un escándalo" "Si España fuese un país normal el terrorismo contra esta gentuza estaría legalizado".

El juez Pedraz lleva muchos años en la Audiencia Nacional. Es cierto que ha metido la pata seriamente en más de una ocasión y el Supremo le ha tenido que corregir. Pero, obviamente, sabe mucho de leyes y de terrorismo, no me cabe duda. Así que estoy seguro de que el señor S. D. N. no cometió el delito que se le imputaba.

Yo, que no entiendo de leyes pero sí algo de terrorismo, creo que este señor es un tipo al que observar en relación con varios asuntos. Y también creo que su caso, tremendamente habitual en las dichosas redes sociales, tiene más importancia del que las leyes actuales son capaces de concederle.

Según el especialista en leyes, no debe ser condenado y, en consecuencia, libre de culpa y pena está. Pero el regustillo amargo de que un pedazo de sinvergüenza ha salido de rositas se me queda, como me imagino que sucederá a otros. Entiendo que estas cosas no sean castigables por la ley; pero lo acepto a base de esfuerzo civil para vencer lo que mi pensamiento natural me dice.

No sé si entre los deberes de los magistrados está la prevención del delito. No sé si la ley les confiere algún tipo de responsabilidad en evitar las actitudes incitantes y provocativas. Parece que no, al hilo de la absolución otorgada por Pedraz al señor S. D. N. Pero cuando las cosas quedan así de mal cosidas, algo falla y no es baladí.

Como este asunto, ligado al terrorismo en general o a terrorismos particulares, me resultan importantes y dignos de análisis, me voy a dar el gusto de escribir unas entradillas, aunque sean mero ejercicio teórico. Sin embargo, el terrorismo es un hecho práctico, en toda la extensión de la palabra, al que le estamos perdiendo el respeto o, mejor, el miedo. Y eso no es bueno. El islámico es el gran peligro potencial, pero no es el único y alguno de ellos es más que potencial en España.

Argako urretxindorra