miércoles, 28 de marzo de 2012

Una huelga general indecente


Oh, no, claro que no. No tengo ninguna duda de que los convocantes y apoyadores de la huelga general que comienza en mi país dentro de tres horas tienen muchísimas razones para hacerlo. ¡Muchísimas!
Pero también creo que todas ellas son inconfesables, irracionales, falsas, malévolas, ilegítimas, inmorales, dañinas, tramposas, engañosas, aprovechadas y antipatrióticas, con perdón.
Ni una, ni una sola de las razones esgrimidas por Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, o de sus apoyos y masters del Partido Socialista Obrero Español y de Izquierda Unida, ni una sola de esas razones se escapa de algunos de los adjetivos que he mencionado.
Invocando un fantasmagórico derecho a la huelga, estos auténticos manipuladores han decidido pararnos a todos por un día: no les basta con haber consentido unos, provocado otros, más de 5.200.000 españoles parados, que ahora quieren pararnos por un día a 46.000.000. Saben el daño real que van a provocar: millones de horas de trabajo tiradas al retrete; más millones de euros tirados al retrete; cientos de miles de euros de gastos en la preparación de la jornada de lucha; decenas de miles de euros gastados en despliegues policiales, dietas, medidas de seguridad… Todo ello porque quieren conseguir con esta huelga… ¿QUÉ? ¿Cuál va ser el fruto de esta huelga? ¿Qué beneficios vamos a obtener los españoles de todo esto?
Con esa moralina pringosa de la izquierda, pretenden hacernos creer que “es una huelga más necesaria que nunca”. ¿Para quién? ¿Para quién es necesaria? ¿Ahora? ¿Ahora es más necesaria que nunca una huelga general?
A tres horas del comienzo de la huelga general en mi país, hay muchos miles de activistas sindicales y de partidos políticos reunidos en sus múltiples y bien acondicionadas sedes, dando los últimos retoques organizativos: repartiendo pegatinas, cosiendo las pancartas, distribuyendo los pasquines… Con ese rancio aroma romanticón y casposo de los redentores festivos del pueblo, torpe y tontorrón, que sin ellos no saldría adelante.
Y también están terminando las estrategias violentas, de control de la ciudadanía, repartiéndose las calles, plazas, carreteras y autopistas para informar a los que, en esta sociedad de la comunicación, todavía no nos hemos enterado de que han convocado una huelga general. Y todo ello con esa atmósfera dura, pétrea, de dientes apretados y miradas torvas de los redentores piqueteros del pueblo, estúpido y esquirol, que saldrá adelante aunque tengan que llevarse una pedrada en la cabeza, el escaparate roto, mil insultos y unos cuantos salivazos.
Es una huelga general indecente, porque los son sus razones, lo son sus convocantes y lo son sus medios.
Arga-ko urretxindorra

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