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viernes, 3 de julio de 2015

Bajada de impuestos

Ahora va Rajoy y baja un poco los impuestos. Mal, muy mal. Debería haberlos subido o dejarlos como están.

A esta conclusión llego tras oír a Pedro Sánchez. Que dice que es injusta porque castiga a la clase media y premia a la alta. Que es una reforma hecha para el 1% de la clase más pudiente del país. Seamos serios: me molesta tanto, tanto que un señoritingo de estos nos tenga por tontos… Que sí, que yo, que soy clase media bajilla, estoy siendo castigado con un ahorro en mis impuestos. Que yo, hoy, estoy siendo castigado con tener para unas cañitas más o para unos filetitos de ternera más. Ojalá me castiguen así todos los meses.

También he llegado a la conclusión de que Mariano Rajoy es un canalla por bajar los impuestos después de oír a los sindicatos. Que dicen que es una medida con fines electoralistas. Pues, probablemente, los fines son electoralistas; pero, ¿y los efectos? ¿Los efectos de la medida? Los fines, electoralistas; los efectos, que tengo un poco más de pasta. Es lo que hay.

Y, las declaraciones de unos y otros, ¿no son electoralistas? Que nos toman por tontos de artesanía.


Argako urretxindorra

lunes, 19 de noviembre de 2012

Al pueblo: declaración de huelga general

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Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN


A nuestro querido y amado pueblo:

 Tras la convocatoria de jornada de huelga general en este país, y para que quede clara a toda la ciudadanía, una vez más, cuál ha de ser su comportamiento durante la misma, los Padres Sindicalistas, abajo firmantes, y los acólitos de nuestras respectivas congregaciones, hacemos públicos los siguientes mandamientos, para que nadie se lamente después si le damos un buen coscorrón por no cumplir alguno de ellos:
1.       Queda suspendido el código civil, el penal, el de comercio, el de la circulación y cualquier otro que pueda haber.
2.       Todo lo referido en el primer mandamiento queda supeditado al presente edicto que nosotros, los Padres Sindicalistas de este pueblo indefenso, hemos mandado decretar (¿decretar? ¿excretar?); bueno, como se diga.
3.       En todo caso, y ante las posibles dudas que pudieran producirse, se estará siempre a lo que ordenen nuestros queridos piquetes informativos, que ya saben ellos aclarar las cosas rapidito, ya.
4.       Las órdenes de nuestros amados piquetes informativos se acatarán por toda la población de manera inmediata, sin quejas, sin rechistar y con una sonrisa que muestre el agradecimiento debido a la labor que ellos, tan aplicada y fanáticamente, llevan a cabo por el bien del pueblo.
5.       Queda suspendido el derecho al trabajo, sea digno o mediopensionista. Si a algún payaso fascista y esquirol se le pilla en rebeldía, se le aplicará la justicia del pueblo de forma inmediata y contundente por parte de los piquetes informativos de guardia, que para eso están.
6.       Queda suspendido el derecho de libre circulación. Nuestros ubérrimos piquetes establecerán controles aleatorios en las calles y vías que consideren oportunas, deteniendo a vehículos y transeúntes durante el tiempo que crean oportuno.
7.       En consecuencia, y para que no haya dudas, queda prohibido tocar el pito a los señores piquetes o bajar la ventanilla para dirigirse a ellos en las situaciones mencionadas en el mandamiento anterior, so pena de llevarse una buena ensalada de tortas, por bobo y tocapelotas, además de facha y esquirol.
8.       Queda suspendido el derecho de reunión. Como a algún@ ciudadan@ se le ocurra juntarse con otr@s a tomarse un café en una terraza, a comer en un bar o a tomarse un carajillo en el pub, lo mínimo que se va a llevar es dos collejas bien dadas por parte de nuestros ínclitos piquetes informativos que, de este modo, le comunicarán, sin lugar a duda posible, el pecado cometido y lo facha y esquirol que es.
9.       Del octavo mandamiento quedan exonerados los piquetes de patrulla, así como los dirigentes sindicales y sus acólitos. Todos ellos podrán reservar locales, bares u otros establecimientos que consideren oportunos, incluidas las propias sedes sindicales, para tomar uno o más refrigerios y hacer comidas de hermandad entre ellos. También podrán hacer merendolas y cenas, sin límite en el número de platos. Todo ello podrá ser abonado, cuando se considere conveniente, con las cuotas de los afiliados o tirando de los impuestos de los contribuyentes. Se aconseja esto último.
10.   Durante toda la jornada, los sacrosantos piquetes informativos estarán en su derecho de tirar los contenedores de la basura y sus contenidos por la vía pública, sin importar su número ni lo guarro que quede el lugar. Las molestias que tales acciones pudieran suponer para vecinos y viandantes no se considerarán tales molestias, por lo que nadie podrá hacer ningún tipo de observación al respecto, bajo pena de llevarse una buena sartenada de insultos o lo que haya menester en cada caso. En aplicación del quinto mandamiento, nadie podrá recoger los contenidos desperdigados ni recolocar los contenedores. Las cosas se dejan como están y punto.
11.   Queda suspendido el derecho a la educación en cualquiera de sus niveles y especialidades. Si algún padre pretende llevar a sus hijos al cole, que se lo piense dos veces y se quede en casa, no vaya a ser que, en cumplimiento de lo establecido, nuestros amabilísimos piquetes informativos le tengan que abollar el coche, romperle un par de lunas y, a lo mejor la cara, delante de los niños, por provocador, a la par que facha y esquirol.
12.   Queda suspendido el derecho del pueblo al uso del transporte público. Se establecerán unos servicios mínimos que luego no se cumplirán. A este respecto, los civilizados piquetes informativos tomarán las medidas oportunas para que los usuarios no tengan la más mínima posibilidad de trasladarse a ningún sitio en servicios públicos, incluidos los insultos, las amenazas, la rotura de lunas, el pinchazo de ruedas y unas cuantas bofetadas en los casos recalcitrantes de taxistas, autobuseros, trenistas y metreros. Y los avioneros, ídem del lienzo.
13.    Queda suspendido el derecho a la alimentación. Muy simple, querido pueblo: queda prohibida cualquier venta y cualquier compra. Es más, queda prohibido, siquiera, abrir los comercios. En consecuencia, el que quiera comer ese día que vaya a la compra antes y el pan que sea Bimbo. O que ayune, que no será bueno para el cuerpo pero viene bien al alma y a la causa de los trabajadores, o sea, de los sindicatos y de sus madres, los partidos políticos.
14.   Queda suspendida la propiedad privada. Al menos, su uso con libertad personal. Por tanto, si alguien tiene un negocio no podrá abrirlo en ningún caso, sea del tipo que sea. En este sentido, nuestros bien amados piquetes informativos no dudarán en emplearse con la contundencia necesaria, o más, para evitar que se levanten la persianas de la propiedad privada de cara al pueblo. Y sin más explicaciones, salvo las que lleven a dejar perfectamente claro que el infractor es un facha y un esquirol.
15.   Queda suspendida la libertad de expresión. Quedan prohibidas las críticas a los sindicatos y a sus piquetes; y las protestas contra su actividad y sus acciones, sea cual sea la naturaleza de las mismas. Asimismo quedan prohibidas las expresiones públicas contra la revolución y la lucha de los sindicatos, plasmadas en tan gloriosa jornada de huelga. Queda prohibido hacer cálculos sobre el éxito de la misma o sobre el número de asistentes a las manifestaciones y concentraciones determinadas por la autoridad sindical. Para ello, todo el mundo tiene la obligación de creer a pies juntillas los números que nosotros vayamos poniendo en el conocimiento general. Del mismo modo, todos tienen la obligación de hacer pública dicha convicción.
16.   Queda suspendido el derecho de manifestación. Solo se permitirán aquellas determinadas por nosotros, los Padres Sindicalistas. Quedan totalmente prohibidas, por tanto, cualquier concentración o manifestación que no haya sido aprobada por la autoridad vigente en esa jornada, es decir, nosotros, los jefes sindicales. Los piquetes informativos tomarán las medidas necesarias para reprimir, sin ninguna dilación, cualquiera de estas subversiones del orden establecido durante la huelga general.
17.   Los piquetes informativos, tan amantes de lo público, determinarán en cada momento qué mobiliario urbano se habrá de romper, quemar o destrozar sin que, para ello, haya mediado ninguna circunstancia previa. Podrán colocar barricadas en la vía pública, quemar contenedores y neumáticos, romper marquesinas, arrojar papeleras, colocar vallas o quitarlas, según el gusto; destrozar escaparates, hacer pintadas en fachadas y monumentos, provocar cortes de luz y de emisiones radiofónicas y televisivas, pinchar ruedas, abollar coches privados, quemarlos y, si son oficiales, también, sobre todo de la policía. Ya se encargará el pueblo de pagar los destrozos.
18.   Y, hablando de la policía. Queda prohibida cualquier actividad de los cuerpos y fuerzas del estado, sean nacionales, autonómicas o locales. La presencia, o la mera aparición de los mismos en lugares públicos, se considerará siempre como una provocación intolerable que, en cualquier caso, se tildará de brutalidad policial, sea cual sea la actitud por ellos mostrada.
19.   En aplicación del decimosexto mandamiento, los piquetes informativos tendrán la obligación de mostrar su repulsa con cuanta contundencia sea necesaria y sin reparar en medios. Con tal fin, se procederá a utilizar las ensayadas sartas de insultos, haciendo hincapié en algunos de ellos, de probada eficacia, como hijoputas, cabrones, asesinos y perros del patrón. Asimismo, y cuanto antes, se llevarán a cabo las acciones necesarias para presentar ante ellos una violenta resistencia pasiva o, lo que es lo mismo, liarse a empujones, puñetazos, pancartazos, pedradas, botellazos, lanzamiento de bengalas, petardos y cohetes.
20. A continuación, amado pueblo, os dejamos algunos ejemplos audiovisuales para que os sirvan de ejemplo:














Recomendaciones para nuestro amado pueblo a quien, paternalmente, nos dirigimos.

Dado que vosotros, nuestro querido pueblo del que vivimos opíparamente, sois buenos por naturaleza pero, también por naturaleza, sois escasos de entendimiento e incapaces de conduciros a vosotros mismos por la senda del bien, nosotros, los Padres Sindicalistas, queremos daros unos consejos para que no erréis.
Ese día es mejor que os quedéis en casa. Comprendedlo: la calle, para el que la trabaja. Ya nos encargaremos nosotros de tomarla y hacer lo que nos dé la gana, porque nosotros sí sabemos qué es bueno y qué es malo para vosotros.

Sin embargo, debéis acudir sin excusa a las concentraciones y manifestaciones que hayamos organizado para vosotros. Es por vuestro bien, no por el nuestro. Nos sacrificamos por vosotros, tontitos. Cuánto más a gusto estaríamos en nuestras cositas.

Daos cuenta, mis buenos bobalicones, de que sin nosotros no habríais conseguido nada de lo que tenéis. Ha sido gracias a nuestra lucha, a nuestro sacrificio, que ahora vivís como príncipes. Nosotros no queremos nada; todo para vosotros, pueblo desagradecido. Nosotros vivimos en cualquier casucha, no viajamos, no nos vamos de vacaciones ni hacemos cruceros. Nosotros no tenemos propiedades de ningún tipo. 

Nosotros, los sindicalistas, somos el colectivo más azotado por el paro: el país está lleno de liberados en el paro.

Jamás participamos en un consejo de administración de ninguna caja que haya tenido que ser rescatada, ni ninguno de nosotros ha cobrado más de 180.000 euros por pertenecer al consejo de administración de ninguna banca.

Nosotros nunca echamos a nuestros trabajadores de nuestras oficinas y despachos; jamás practicamos un ERE ni, mucho menos, nos acogemos a las nuevas leyes sobre despido que tanto criticamos. Preguntádselo a nuestros oficinistas, administrativos, chóferes y bedeles.

Nosotros vivimos de nuestro trabajo, sin cobraros un duro de vuestros impuestos. Nos ocupamos de vosotros por vocación, por nuestro amor a la justicia social, a la igualdad, a vosotros, pueblo. Porque nos damos cuenta de que sin nosotros seríais unos pobres desgraciados.

En fin, pueblo: sed felices, que nosotros nos ocupamos de todo. Solo tenéis que sernos dóciles y obedecernos en cuanto os mandamos, que para eso nos habéis elegido, o algo así.

Argako urretxindorra









sábado, 21 de julio de 2012

Cándido Méndez… por patas.

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El cándido y barbudo Méndez, don Cándido, ha sufrido un incidente el otro día. La cosa ha sido así, según me cuentas mis fuentes, siempre bien informadas y al pie de la noticia.

El hombre había acudido a su puesto de trabajo, como buen profesional que es. Ese día tocaba manifestación multitudinaria en Madrid contra el Gobierno. Y ahí estaba don Cándido, alargando su jornada laboral, pero sin quejarse por ello lo más mínimo. Es un hombre comprometido con su profesión a la que se entrega en cuerpo y alma –en «alma» él no lo sabe, pero también, también-.

Don Méndez, y sus compañeros de trabajo de la empresa UGT, estuvieron al frente de la «mani» sosteniendo el cartel, que pesa un huevo, y sonriendo ante los pesados de los medios de comunicación durante todo el recorrido. Don Cándido no es de gritar consignas mientras sujeta el cartel y recorre. Él es más de gritar ante el micro, con el ambón para sujetarse, cual curica de pueblo preconciliar. Así, una de las tareas de su puesto de trabajo consiste en dar sermones pero, siempre, muy desaforados, muy vehementes. Creo que tiene un complemente de productividad si pasa de los 76 decibelios, según me dicen mis fuentes.

Total, que don Cándido finalizó su jornada laboral y, como muchos otros profesionales, se dirigió con sus compañeros de empresa a tomarse unas cañas con la satisfacción que da el deber cumplido. Eran cinco. Según los estatutos de la compañía para la que trabajan, la UGT, los miembros y dirigentes de la plantilla deben hacer publicidad de la empresa siempre que estén en público. A la empresa no le supone una gran inversión y tiene su cuota de pantalla asegurada en las teles y los periódicos sin pagarles un duro. De hecho, la empresa es conocidísima y la marca UGT está por todos sitios gracias a este sencillo sistema de márquetin.

Así, pues, los compañeros y don Cándido, con las pegatas de la empresa encima a lo Polo o Blueberries, se dirigieron a lo de las birras. Pillaron una mesa con unas sillas en la terraza de un bar y se sentaron. Hay que tener en cuenta que don Cándido es frondosamente barbudo, por lo que esto de las manifas en Madrid, con la calorina que está cayendo en julio, tiene un plus de sufrimiento que habría de ser reconocido… tanto sudor y tanto picor acumulado.

Bueno; pues estaban los ejecutivos de UGT en la terracita con unas cervecillas heladas tras la calurosa jornada laboral, cuando aparecen unos ciudadanos con ganas de contrastar opiniones, al parecer. Según mis fuentes, no fueron muy correctos dado que interrumpieron la conversación amigable y distendida de los ejecutivos, y se pusieron a charlar con ellos sin más.

Yo me imagino la situación y debe ser molesta. Estás tranquilamente con tus colegas «executive», tomando una cervecita bien fresquita después de una intensa y sudorosa jornada laboral, hablando de tus cosas, y llegan unos tipos y unas tipas, a los que no conoces de nada, te cortan la conversación y te obligan a hablar con ellos: hombre, no, señores, no, un poquito de por favor.

Mis fuentes bien informadas al pie de la noticia no me han informado de los temas de conversación –me temo que se debían estar tomando también ellos unas birritas-. Pero sí que cogieron alguna frase suelta de la conversación –qué falta de profesionalidad; les voy a llamar seriamente al orden a estos informadores míos de pacotilla-. Claro, las frases sueltas, descontextualizadas, no te ayudan a comprender el meollo de lo que allí trataban. Por lo visto, tenía que ver con cuestiones societarias y de inversiones; no sé, quizá eran accionistas de la empresa, de UGT. Porque una de las frases cogidas a vuela pluma era «Ahí está el que nos representa, tomando unas cervezas a nuestra costa». Es que no me queda claro si podían ser empleados de la empresa, por la primera parte de la frase, o accionistas de empresa, por la segunda

El caso que, al parecer, (¡qué rabia me da no poder ser más exacto, por culpa de mis informadores irresponsablemente cerveceros!) estos señores dados a la conversación espontánea se debieron dar cuenta de que no habían sido muy correctos porque gritaban todos a coro «¡Vergüenza! ¡Vergüenza!», como disculpándose por haber interrumpido a don Cándido y a sus colegas. O esa es la interpretación que le doy yo. Aunque creo que, para excusarse, no hace falta ser repetitivo ni elevar la voz, ¿no?

Entre trago y trago de cerveza de mis informadores, se dieron cuenta, supongo que bajo los efluvios ya del alcohol, de que a la conversación se iba uniendo más gente, no sé si mirones o participantes. Pero debían ser de estos últimos porque hablaban de sueldos; así que algo sabían del tema: «No os pagamos para esto», decían algunos. Por eso me inclino a pensar  que debían ser accionistas de la empresa UGT. Pero no me hagan mucho caso porque esto son conclusiones mías con el paupérrimo material que me han traído mis informadores (¡qué cabreo tengo con ellos!).

El bueno de don Cándido y sus ejecutivos, al final, se levantaron y les decían a los accionistas –o lo que fueran-, que ellos estaban trabajando igual que el resto en la lucha contra las medidas del Gobierno (lo que a mí me abre una tremenda duda sobre el objeto social de la empresa UGT). Pero los otros señores y señoras no debían estar de acuerdo porque empezaron a acercarse demasiado, a esa distancia no marcada pero que pone nervioso al interlocutor, y siguieron gritando lo de vergüenza (ahora pienso que, a lo mejor, no se estaban disculpando por haberles interrumpido) y les empezaron a silbar y a abuchear. Me produce gran desconcierto estos trozos de información de mis informadores: no tienen ni pies ni cabeza. Se van a quedar sin dietas como que me llamo Beramendi.

Al final, don Cándido Méndez y el resto de ejecutivos de UGT España se fueron sin despedirse. Y yo no puedo acusarles. Es verdad que hay que ser siempre correcto y hacer uso de las buenas formas. Pero entiendo que si estás tan a gusto en una terracita de la Plaza de Isabel II, después de haber cumplido con tus cometidos a pesar del calor y de las incomodidades, que vengan unos accionistas de tu empresa o unos trabajadores de tu empresa –que sigo sin saber a qué atenerme- y no respeten tu derecho al descanso tan merecido, importuna, importuna un poco. Para mí que debían haberse despedido cordialmente, pero comprendo y absuelvo a don Cándido y los otros «executive managers» de UGT España.

A los que no absuelvo es a mis informadores al pie de la noticia. Esos se van a caer con todo el equipo.

Arga-ko urretxindorra