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lunes, 10 de noviembre de 2014

Patxi, el de los cohetes

Como buen tontico, heme aquí otra vez. Porque ya sabéis, mal de muchos consuelo de tontos. Me refiero a los que escribimos alguna vez sobre la res política; un buen tontico no suele cambiar, por muchas razones que le den para ello. Y las dan, las dan.

Ayer, por un momento me puse un poco serio al hablar de Arturo Mas, otra evidencia de mi pardillismo.  Porque, a pesar de mi torpeza, o quizá por ella, no me cambiaba por él ni aun por una de las cuentas paradisíacas de su mentor, don Jorge.

Siempre me han gustado los fuegos artificiales, desde pequeño. Ahora, con la informática aplicada a la pirotecnia, hacen espectáculos todavía más increíbles. Suaves unos, poderosos otros, consiguen efectos de ritmo imposibles, crescendos apasionados, menudeos amables, estruendos apocalípticos... te mantienen en gozosa tensión esperando una sorpresa más. Hoy, el día después, los partidos y los periodistas se dedican a analizar los resultados -¿qué resultados?- de la mítica jornada del 9N en Cataluña. ¿Espectáculo de fuegos artificiales? ¡Qué va, hombre, qué va! Se parece todo esto a los cohetes que tiraba - en sentido amplio- Patxi en mi pueblo durante la procesión del Corpus. Llevaba un par de docenas de cañas cabezonas en una mano cuyo único efecto era que silbaban al salir y, a poca altura, explotaban con un ruido bastante desagradable. No sé por qué, Patxi siempre se empeñaba en varias cosas que, para mí, pequeño aún, no tenían mucho sentido. Encendía las mechas con un cigarro al que, de vez en cuando, le daba una calada. Sujetaba los cohetes con la mano izquierda, la misma en la que sostenía el cigarro encendido, porque la derecha la utilizaba para coger el que iba a tirar a continuación. Suavemente agarrado -en el caso de Patxi es solo una forma de hablar-, acercaba el cigarro a la mecha y, con él, todos los cohetes restantes; y al cielo que iba el chisme. Imagínense el peligro constante. Hay quien dice que no se puede bandear y estar en la procesión al mismo tiempo; pero Patxi tiraba los cohetes desde la misma cabecera, al lado del palio. No lo hacía verticalmente, en eso era cuidadoso, porque al explotar el artilugio, la caña se desprendía y no quería que cayese sobre la gente asistente. Pero eso tenía otro peligro; y es que con el lío de cohetes y cigarros en la mano, y que la trayectoria nunca era recta, a veces salía excesivamente inclinado para ir a explotar contra algún balcón de las casas de arriba -mi pueblo es una pendiente infinita, como todo buen pueblo-. A Patxi no le pidas chorradas, que si ritmo o cadencia o crescendos... Él lanzaba los cohetes cuando le parecía, hacían mucho ruido desaforado y se acabó.

Me he alejado del tema, al parecer. Bueno, no. La cosa es que hoy se analiza, por parte de las mentes sesudas y privilegiadas, el espectáculo pirotécnico de ayer en Cataluña, mi Cataluña. Y se empeñan en hacerlo como si hubiese sido la obra maestra de los hermanos Caballer cuando, en realidad, ni se acerca a una de mi buen Patxi. Lo admito, siento vergüenza ajena y propia, de las dos. Porque si lo de ayer fue ridículo, lo de hoy y mañana y los próximos días es incalificable para mí. No es que tenga dotes de adivino sino que es tan aburridamente predecible, tan decepcionantemente tópico, tan cansinamente repetido que no hay nada que esperar: "Los catalanes votan masivamente por la independencia"; "Una jornada de libertad y de civismo"; "El pueblo catalán apoya masivamente el ejercicio ciudadano de la libertad de expresión" y cienes y cienes de sandeces como estas. Tendremos a los políticos torpes diciendo que Rajoy y Mas tienen que sentarse a dialogar o que, tras el 9N, el gobierno español ya no puede obviar la voz del pueblo catalán, o... ¡Oh, cuánta tontería, incluida las mía!

Como en este absurdo todos los números son supuestos hay poco que decir. Quizá solo que la inmensa mayoría de los que eran "llamados a la consulta" se ha vuelto a quedar en casa. Los que no se queden en afirmar esto y vayan más allá, o son torticeros, o tienen que comer también hoy o son tan tonticos como yo: porque no hay más (con tilde). A sus supuestos números me remito.

En este punto, por honradez innecesaria, debo admitir que me sigue sin parecer mal la política de Rajoy. Dicen que es la política del avestruz, que no dice ni hace nada. No estoy de acuerdo. Es que no hay apenas nada que decir y poco que hacer. Y esto último, lo poco que hay que hacer, con cuentagotas y con precisión suiza (uy, me ha traicionado el subconsciente). El 10% ha de hacerse con luces y taquígrafos: tribunales constitucionales, fiscalías, jueces, periodistas y todo eso. Y, los demás, hagamos también algo que el español medio suele ser bastante indolente y siempre espera que otro -el gobierno, normalmente- saque las castañas del fuego.

¡Ah! ¿Qué me he dejado por aclarar qué hay que hacer con el 90% restante? Eso lo saben Mariano y Sorayita.


Argako urretxindorra

domingo, 9 de noviembre de 2014

9N: el circo más triste del mundo.

"Había una vez un circo que alegraba siempre el corazóoooon"

Qué grande, Fofó. Después de tantos años, cuando estoy contento me suele venir su canción a la mente. Precisamente, estoy tarareándola ahora mismo mientras leo las noticias sobre Cataluña. Esto sí que es un circo, pero no como el de Fofó, alegre y divertido, sino como esos de carpa caída, sucios y terminales, donde lo más chispeante son las pocas lentejuelas que quedan, mal prendidas, del traje roído del jefe de pista.

Y es que Arturo, en medio de la pista, con el micro que se acopla insoportablemente, no ha visto su sueño cumplido. ¡Ay, Arturito, quién te ha visto y quién te ve! ¡Vaya ruina! Un hombre que hace tiempo dejó todo por llevar a cabo su objetivo, que dejó hasta de gobernar. Un hombre que fue cambiando su objetivo conforme se enfrentaba a la realidad, como Groucho Marx con sus principios. Un hombre señalado con el dedo todo poderoso de su padre putativo, don Jorge Pujol, para llevar a la meta no se sabe bien qué. Y aquí estamos, yo con la cancioncilla de Fofó y él, con la sonrisa de plástico, saboreando la amargura del desastre.

Aquel día radiante en el que don Jorge le dijo solemnemente: Tú eres mi delfín y sobre ti edificaré mi cortijo catalán, dio pie a días duros, pérfidos sin cuento. Porque desde aquel día festivo, todos han sido aciagos, nefastos, para él, para su familia y, aun más triste, para Cataluña.

El pobre Arturo perdió, en primer lugar, su propia libertad, la personal. No se la quitaron, la perdió él.  Y lo hizo por soberbia infinita, que es la madre de toda estupidez. Y siguió perdiéndola, una y otra vez, con cada decisión que tomó. Él decidió adelantar las elecciones y ofrecer en bandeja de plata la cabeza de su propio partido a Oriol Junqueras. Él decidió seguir adelante con un proyecto que no era tal, por imposible. Él fue quien tomó la decisión de no gobernar y no dejar gobernar, convirtiendo su región en el esqueleto de lo que había sido. Él y solo él hizo posible la ruptura de una coalición que había estado en la cúspide del poder en Cataluña. Solo Arturo decidió continuar en una desencajada huída hacia adelante, a sabiendas de que con ello arrastraba a tantos hacia un precipicio de consecuencias tan conocidas como desastrosas.

Todo lo fió, finalmente, a una fecha, la de hoy. De lo que los sueños habían construido solo quedan los restos más tristes y ridículos. Hoy era el gran día. Hoy es, simplemente, la escenificación de la vergüenza, de la debacle y de la ceniza.

Aquella Cataluña que fue grande, libre, próspera, puntera, meta de muchos, abierta, europeísta, un punto orgullosa y un tanto engreída, es hoy la que muestra sus menos pudendas miserias en un escenario abierto al mundo, para mayor ridículo si es que es posible.

Aquella festiva fecha para unos, temida por otros, curiosa para la mayoría, ya ha llegado. El fausto día, que sería el inicio de la quimera, es, en realidad, la representación circense más chusca y triste. Millones irán a votar, pero nunca sabremos cuántos. Habrá un resultado, pero nunca servirá porque no será fiable. No habrá censo porque se creará sobre la marcha un listado que desaparecerá el mismo día. Contarán las papeletas voluntarios fanáticos que no necesitan contarlas, sin nadie que quiera y pueda certificarlas. Votarán inmigrantes desconocidos, niños de dieciséis años, catalanes que se encuentren en el extranjero, pero no podrán votar los catalanes que vivan en otras regiones españolas.

Y, al día siguiente, mañana, será un nuevo día pero un día más, un día sin más. ¿Qué quedará entonces? Ya habrán ejercido su inexistente "derecho a decidir"; ya tendremos unos inexistentes resultados, que todos conocíamos mucho antes. Ya veremos y oiremos celebraciones que nada tienen para celebrar. La quimera seguirá, sarta de mentiras y falsedades, porque los resultados solo servirán para echárselos a la cara, para medir el índice antidemocrático que tienen, para mostrar, una vez más, que los fanáticos no reparan en los medios, que todo les vale. Y continuarán con sus lamentos y sus lloros ficticios, culpando a España de no haberles dejado ejercer sus derechos como pueblo, de haber tenido que hacer este paripé obligados, haciendo, de su enemigo inventado, culpable de lo que solo ellos crean y ellos destruyen.

A pesar de la sonrisa de plástico y de las declaraciones grandilocuentes y triunfalistas, hoy no es el día soñado por Arturo. Hoy es un día duro, de realismo tremendo, en el que ve su penúltimo fracaso cobrar vida, como espectro de sus sueños. Y lo peor para él y para su familia es que esto no ha hecho más que empezar. Su futuro personal es negro como cueva de brujas. Seguirá habiendo días más duros, más terribles, más patéticos, para él y para su familia, en los que el pobre Arturo se irá consumiendo por dentro. Y a mí, la cancioncilla de Fofó me seguirá acompañando plácidamente.

Argako urretxindorra

viernes, 19 de octubre de 2012

El «expolio fiscal» a Cataluña



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Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN



Dejando al margen cualquier otra cuestión, de suma importancia, como la justicia social o la redistribución de la riqueza, resulta que no todo es verdad, ni todo lo que se dice es verdad. Ni todo el que dice es veraz.


El asunto del «expolio» de España a Cataluña, tal como lo presentan los independentistas catalanes, es más de lo mismo. Pesadísimo y falso como solo estas cosas independentistas pueden serlo. Pero, como siempre, a base de repetirlo  y repetirlo termina por surtir efecto: hay mucha gente que se lo cree a pies juntilla. Y otros muchos a los que les crea dudas.

Los políticos independentistas catalanes, empezando por Arturo Mas, siguiendo por José Antonio Durán Lérida y terminando por Andrés Mas-Colell, no descansan en este aspecto. Por supuesto, piden transparencia en las cuentas del Estado, luz y taquígrafos, que los ciudadanos sepamos, con números, cómo el Gobierno español «expolia» a Cataluña. Y no tienen empacho, tampoco, en hacer declaraciones públicas denostando a otras regiones españolas y tildándolas de vagos y aprovechados: aquello de que los catalanes trabajan para que los andaluces se gasten el dinero en los bares. Si bien parte de este discurso levanta las iras de muchos en el resto de España, en Cataluña vende muy bien que, en el fondo, es de lo que se trata. De otra parte, deja la puerta abierta constantemente a que los propios gobiernos de la Generalidad, en su desastrosa gestión económica, jamás sean responsables: el problema es el «expolio» que España lleva a cabo en Cataluña. Y fin de la cuestión.

Resulta que ha caído en mis manos un documento publicado este mes por La Voz de Barcelona. En este se cuenta cómo los anteriormente mencionados mienten de manera escandalosa, cosa nada sorprendente. Creo que en las cuestiones públicas, y más si se trata de las cuentas de todos, ocultar algo, mostrando solo lo que interesa, es la forma más abyecta de mentir. Pues bien; el consejero de economía de la Generalidad presentó, la pasada primavera, las balanzas fiscales de todas las autonomías en relación con el Estado.

Mi primera pega está en que no sé quién es este buen señor para hacerlo, dado que no es en absoluto su competencia y, sobre todo, que no sé de dónde ha obtenido los datos. Por tanto, poco fiable me parece.
La segunda objeción es que su intención declarada era la de mostrar eso que llaman el «expolio» de Cataluña. Poner números encima de la mesa con la hipótesis ya aprobada como un hecho es una trampa grosera.

Uno de los problemas para el cálculo de esta materia es que hay varias fórmulas diferentes. Al menos, cuatro. Y que los resultados que se obtienen aplicando una u otra son divergentes. Según la presentación que hizo Mas-Colell, y que repitieron y editorializaron hasta el hartazgo la mayor parte de los medios catalanes, el famoso expolio es evidente. Ya he dicho con antelación mis muchas reservas al respecto.

Los dos métodos más habituales de cálculo son el de carga-beneficio y el de flujo monetario. A estos, el señor Mas-Colell decidió añadir otros dos: los métodos neutralizados, es decir, aquellos que se cocinan una vez obtenidos los resultados de los primeros. La cosa queda como sigue:

-          Método carga-beneficio neutralizado (cocinado): 16.409 millones de déficit.
-          Método flujo monetario neutralizado (cocinado): 11.261 millones de déficit.
-          Método carga-beneficio sin neutralizar: 791 millones de déficit.
-          Método flujo monetario sin neutraliza: ¡4.015 millones de superávit!

Curioso esto de los cálculos. Por cierto, una pregunta tonta: ¿saben qué datos presentó el señor Mas-Colell? Sí, han acertado: el primero y el segundo. De los otros dos, ni pío. ¿No da un poco mucho de vergüenza? Si mienten en esto, ¿en qué dicen la verdad?

El tercero se publicó más adelante por la propia Generalidad en un tocho de documentación sobre la economía catalana, en un apartado de no muy fácil acceso. ¿Y el cuarto? El cuarto se ha conocido en La Voz de Barcelona a través de otro documento publicado, por error, por un órgano asesor de la Generalidad. Todo muy transparente y muy limpio, tal y como los políticos catalanes exigen al Gobierno nacional. “Consejos vendo; para mí, no tengo.”

A todo esto, añadamos otro tipo de problemas que tienen estos datos de difícil solución. Por ejemplo: los territorios no pagan impuestos; somos los ciudadanos. En este sentido, los mismos paga un catalán que gana 120.000 euros que un murciano que gana 120.000 euros. Por ejemplo: ¿dónde se imputan los gastos y los ingresos? Cuando una señora segoviana compra un producto catalán ¿cómo se cuenta ese IVA? Por ejemplo: ¿Cómo se reparte la inversión del AVE Madrid-Barcelona? Por ejemplo: ¿qué sucede con las inversiones per cápita? La construcción de un kilómetro de carretera tiene el mismo coste medio. Diez kilómetros construidos en Madrid o en Barcelona, donde esa carretera la van a utilizar 600.000 conductores, tiene el mismo coste que diez kilómetros construidos en Teruel, donde los usuarios van a ser 10.000. Ahora bien: la inversión por habitante en Madrid o Cataluña habrá sido mucho menor que en Teruel, aunque el coste, el dinero gastado, haya sido exactamente el mismo.

Entre las mentiras y las propias dificultades de los cálculos, ¿cuál es la verdad sobre el «expolio fiscal» a Cataluña? Y todo esto dejando a un lado, como decía al principio, asuntos capitales como la solidaridad, la justicia distributiva o el reparto de la riqueza.


Argako urretxindorra

martes, 9 de octubre de 2012

Cataluña sí es viable como país independiente

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Como ya comenté en su momento, una de las intenciones de Arturo Mas, al adelantar las elecciones autonómicas en Cataluña, es la de convertirlas en un plebiscito sobre sus tesis independentistas. Trampa mayúscula de la que ya avisé y en la que no deberíamos haber caído. Pero lo hemos hecho todos, para regocijo de Mas y sus acólitos. A título de curiosidad, ¿qué razones oficiales ha dado para convocarlas? Porque no se rompe una legislatura así como así. Pues ninguna. Y, con la situación especialmente desastrosa de la economía catalana, cuyo gestor es el gobierno de Mas, ¿nadie hace de esta la verdadera campaña? ¿Nos sometemos, torpemente, a sus deseos de centrarlo todo en una hipotética independencia de Cataluña? Somos profundamente torpes.
Una de las cosas que se repiten ahora por activa, por pasiva y por perifrástica es una estupidez cuadrada, o sea, inamovible: «Cataluña independiente, no es viable económicamente». Hay que ser bobo para esgrimir semejante… ¿tontería? Pero vamos a ver: ¿a quién le importaría la viabilidad de la República de Cataluña si llegase a existir? A mí no, desde luego.
A lo que vamos. ¿Cuántos países hay en el mundo con menor PIB que Cataluña y «viables»? Muchos: Finlandia, Irlanda, Hungría, Marruecos, Qatar, Kuwait, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia y un largo etcétera. Dejémonos por tanto de monsergas.
La cuestión real es otra: ¿cuánto más pobremente están dispuestos a vivir los catalanes para conseguir ser independientes? ¿Qué privaciones, a las que no están acostumbrados, van a aceptar con tal de ser independientes? Porque eso sí que sería la realidad de la secesión. En definitiva, sería un país viable pero mucho más pobre. ¿Están dispuestos los catalanes a dar ese paso? (sonrisas y lágrimas).
Veamos un par de tonterías por encima. Ciertamente, en caso de obtener la dichosa independencia, se gobernarían a sí mismos, harían lo que les diera la gana… o eso creen, porque es falso. Que pregunten a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o la propia España si hacen lo que quieren o lo que quieren otros.
1.       Automáticamente, quedarían expulsados de la Unión Europea donde no se admite la secesión de una parte del territorio de un país miembro.
2.       Tendrían que iniciar el proceso para ingresar en la UE, largo y tedioso; y con un pequeño inconveniente añadido: solo se ingresa por el acuerdo de todos los países miembros. Y yo me pregunto: ¿daría España el sí? Y, ¿Bélgica? Y ¿Francia? ¿Estarían estos y otros países miembros dispuestos a conceder el ingreso a un país independizado a sabiendas de que eso animaría otros procesos similares en otros países europeos? ¿Francia con su problema en Normandía? ¿Bélgica con su problema flamenco-valón? ¿Gran Bretaña con su asunto escocés? E, insisto: ¿España?
3.       Perderían el euro como moneda y tendrían que crear la suya propia. Con la que está cayendo, ¿cuál sería la nueva paridad de la moneda catalana? A día de hoy, ¿los bonos catalanes no están considerados «basura», peores que los griegos?
4.       ¿Quién respondería de la deuda que Cataluña tiene contraída? Ya no habría una España detrás ni tampoco una Unión Europea.
5.       Teniendo en cuenta que hoy en día más del 57% del producto interno bruto de Cataluña lo genera por las ventas al resto de España, ¿cuánto bajaría el PIB en caso de ser otro país? Porque esas ventas se convertirían en exportaciones: ¿cuánto estarían dispuestos los españoles a importar de Cataluña?
6.       Ateniéndonos a que Cataluña, actualmente, exporta al resto del mundo menos de lo que importa de ellos, ¿cuál sería entonces su balanza comercial?
7.       Ante la caída del PIB, ¿cuánto caería la recaudación del estado catalán? Naturalmente, tendrían que subir los impuestos para sostener el gasto público. ¿Cuánto más están dispuestos a pagar los catalanes?
8.       ¿A cuántas empresas establecidas hoy en día en Cataluña les seguiría interesando permanecer allá? De momento, la primera que tendría problemas serios sería La Caixa, como reconoció su propio presidente, nacionalista, por cierto.
9.       Y de las multinacionales, ¿cuántas preferirían quedarse allá? Porque la seguridad jurídica que tienen a través de la UE se perdería. Ahora, al estar en Cataluña, están en un país, España, miembro de la UE y con un PIB de 1,4 billones de euros. ¿Preferirían pasar, de repente, a quedar afincados en un país con un PIB de entre 0,15 y 0,20 billones, según los mejores cálculos actuales? ¿Y sin respaldo jurídico europeo?
10.   ¿Qué tamaño pasarían a tener los bancos catalanes? ¿Qué capacidad de competencia con el resto de los bancos europeos? ¿Qué respaldo crítico tendrían de su estado en situación de crisis? ¿Metería usted su dinero en un banco catalán en estas condiciones?
11.   ¿Cuánta gente se marcharía de Cataluña por razones personales o por razones laborales y profesionales? ¿Cómo quedaría, al final, la población catalana, cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente? ¿Habría fuga de cerebros?
12.   ¿Cuánto crecería la deuda catalana en el proceso de devolución a España de las inversiones realizadas allá históricamente? ¿Podría asumir la devolución de lo que ya no sería suyo? ¿O nos tendríamos que quedar con media Cataluña, siendo ya nosotros extranjeros?
13.   ¿Qué posibilidades reales tendría el puerto de Barcelona, siendo un país independiente? De todo el tráfico de entrada y salida, ¿cuánto está referenciado a España?
14.   ¿Qué sucedería en materia de aranceles a las exportaciones catalanas con relación a España? ¿Y con relación a los demás países de la UE? ¿Cuánto más caras les resultarían? ¿Cuánto bajaría su competitividad por este asunto nada más?
15.   Una última cosilla: ¿cómo quedaría la vida social y política catalana? ¿Se conver­tiría CiU en partido único? ¿Tendrían la gran pelea con ERC? Una vez desaparecido el nacionalismo, ¿cuál sería el proceso de reconversión de estos partidos? ¿Sería pacífico? ¿Daría estabilidad a las nuevas instituciones catalanas? Y en este proceso de cambio interno, ¿usted invertiría en un país nuevo o lo haría en otros países mas antiguos, estables y seguros?
Por supuesto que Cataluña sería viable como país. Pero, ¿cuántos catalanes están dispuestos a serlo y hasta dónde estarían dispuestos a sufrir? Pasar de medio rico a pobretón no es nada fácil. Al día siguiente de ser independiente, hay que seguir comiendo. Cambiar el BMW por un ciclomotor no es plato de gusto. Tener que enseñar el pasaporte para ir al pueblo de tus padres en Soria, no es agradable. Pagar aún más impuestos para recibir mucho peores servicios, es duro.
Por cierto, además, que Cataluña se independice de España es imposible. Pero eso es otro tema.
Argako urretxindorra

martes, 25 de septiembre de 2012

El discurso de Mas para adelantar las elecciones



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Un periódico de hoy se ha entretenido en sacar las diez frases más relevantes, a su juicio, del discurso de Arturo Mas. Hoy, como no podía ser de otra forma, ha adelantado las elecciones autonómicas en Cataluña. Y yo me he entretenido en comentarlas.

1. «Habrá elecciones anticipadas como respuesta al excepcional rechazo del Gobierno central a la propuesta de pacto fiscal».

            No es verdad. La convocatoria de elecciones anticipadas por parte del señor Mas se debe a dos razones diferentes de las que ha declarado:
a)      Por un lado, por la situación institucional en la que él mismo se ha metido y ha metido a su partido, ante la falta de respuesta del Gobierno nacional tras la presión a la que creía haberle sometido.
b)      Porque Cataluña está en verdadera bancarrota, con una deuda de 40.000.000.000 de euros y teniendo que pedir dinero prestado o adelantado al Gobierno de la nación para poder hacer frente a los gastos corrientes.

2. «Hay que traducir en acciones concretas el momento extraordinario que estamos viviendo. Hay que decidir»

            El momento extraordinario al que se refiere el señor Mas no es el que pretende hacer ver: no lo es por una explosión independentista que haya que solucionar. El momento extraordinario que vive Cataluña es otro muy distinto. Es su situación económica, probablemente, la peor desde la Guerra Civil. Otra cosa es que el señor Mas, incapaz de resolverla como gobernante, haya tomado su propia decisión: desviar todo lo posible la atención provocando otro supuesto problema extraordinario. El crecimiento que este último asunto ha sufrido no se debe a ninguna otra razón que no sea la intención del señor Mas de desviar el foco de su verdadero problema: su incapacidad como gobernante ante la crisis, extraordinariamente terrible, de Cataluña.

3. «Es necesario que la voz de los 1,5 millones de catalanes que acudieron a la manifestación independentista de la Diada se traslade a las urnas. No hacerlo representaría un cierto fraude».

            Estas dos frases tienen un par de aspectos interesantes. De una parte, el poco efecto que, en sí misma, tuvo la manifestación. La reacción del Gobierno nacional fue, en la práctica, inexistente, lo que dejó a Mas en una situación muy desairada y con la pelota, de nuevo, en su tejado.

                De otra, el intento de presentar las elecciones anticipadas como plebiscitarias respecto de la independencia de Cataluña. No deja de ser, por tanto, otro intento de presionar al Gobierno de la nación y, asimismo, al Partido Socialista, al que ha pillado con el pie cambiado y con poco tiempo para presentar un programa unitario, cuando dentro del PSC hay más de un independentista. De ahí la rápida declaración de Rubalcaba, adelantándose, en lo posible, a cualquier movimiento del PSC. Ahora, dependerá de muchos factores que los resultados en las urnas tengan una lectura u otra. Y, básicamente, tendrá que ver con la actitud que tomen, antes y después, el Gobierno, el Partido Popular y el PSOE. Porque la composición del parlamento catalán no va a variar sustancialmente. De manera que el supuesto plebiscito con que el señor Mas quiere dotar a las elecciones es un absurdo a priori. Lo que hoy es el parlamento va a seguir siéndolo, poco más o menos. Pero si, en efecto, consigue que el Gobierno, el Partido Popular y el PSOE entren en este juego de manos plebiscitario, la lectura final será la que Arturo Mas desea. 

4. «La combinación de la impresionante manifestación y la negativa a negociar el pacto fiscal me obligan a ser coherente con mis ideas y compromisos».

            Nuevamente, Mas deja claro que todo el montaje tenía como razón de ser obligar al Gobierno a concederle el control de la agencia tributaria en Cataluña (no quiero hablar de «pacto fiscal» porque es un eufemismo tramposo). Pero es posible que se le esté yendo de las manos. No cabe duda de que tenía pensado un resultado final distinto, a pocos días de presentarse en La Moncloa. La falta de respuesta de Rajoy a la «algarada», como él mismo la conceptuó la noche anterior a su celebración, y la, sin embargo, tajante respuesta a las pretensiones de Mas, le obligan a convocar elecciones anticipadas, a mi juicio, un probable harakiri para él.

5. «Es el pueblo de Cataluña el auténtico dueño de su destino y a quien corresponde elegir, y de ahí la necesidad de convocar elecciones».

            Aquí está la verdadera presentación: las elecciones son, en su intención, plebiscitarias. No lo son en absoluto. Pero es muy conveniente que esto quede muy claro a todo el mundo. Para mí, el mero hecho de que los grandes partidos nacionales nieguen este hecho le daría a Mas cierta razón. Como con la manifestación, no se debería entrar en este asunto. Pero sí que habría que centrar todo lo posible las elecciones en el asunto capital: la incapacidad de Mas para gobernar, nítida en una situación económica como la presente; la incapacidad de CiU para llegar a acuerdos positivos con el Gobierno de la nación; la inadmisible falta de explicaciones del Gobierno de la Generalidad para aclarar el origen de la terrible deuda de su región; o de por qué la región de Madrid, con idéntica situación fiscal a la de Cataluña —si roban a esta, están robando a aquella igualmente—, tiene una deuda 2,6 veces menor, su producto interior bruto per cápita es el primero de España (28.968,68 euros) frente al cuarto de Cataluña (26.407,80 euros); o la deuda per cápita es la décima del país (2.636,15 euros) mientras que la de Cataluña es la primera de España (5.809,72 euros de deuda por habitante). Insisto, el «robo de España» es el mismo para Madrid que para Cataluña, pero los resultados son diferentes.

                Por otra parte, niego la mayor: el pueblo de Cataluña no existe y, por tanto, no hay tal dueño. En cambio, el pueblo español sí, desde hace muchos siglos y perfectamente definible, nacional e internacionalmente. Así que cuando algo afecta al pueblo español la decisión es de todos, no de unos cuantos.

6. «No son tiempos de comodidades institucionales; son tiempos en los que toca jugársela por encima de la comodidad personal o el interés de partido».

            Desconozco a qué llama Mas «comodidades institucionales» aunque se barrunta que a lo de siempre. Desde luego, lo más incómodo para él es, sin duda, ser el presidente de una Cataluña con una crisis económica como la que tiene. ¿Quitarse de en medio, a estas alturas, es jugársela o incómodo? Permítanme que no lo acepte. De todos modos, viene al caso aquello de que quien siembra vientos, recoge tempestades.

7. «El Gobierno de Zapatero se marchó sin pagar».

            No lo sé, porque Zapatero hizo varios sinpas. Pero no habría estado de más que hubiese explicado qué dejó de pagar y cómo lo hizo. Porque, dicho así, suena a lo de siempre: calumnia, calumnia que algo queda; y al eterno victimismo catalán: si no fuésemos españoles no tendríamos problemas.

8. «Se reclama respeto por una de las naciones más antiguas de Europa, soberanía, plenitud nacional y un Estado propio en el marco de la UE, lo que Madrid ha omitido».

            Creo que ha tenido un pequeño problema semántico, el señor Mas, que, por lo demás, habla muy el español. ¿Quién es «Madrid»? ¿Y que ha «omitido» qué en dónde? Reclamar es gratis. Pero, ¿alguien falta al respeto a alguien? Muy matizable. ¿Se refiere a Cataluña cuando habla de «una de las naciones más antiguas de Europa»? Pero, ¿ha habido alguna vez una nación en Europa llamada Cataluña? No, señor, no la ha habido.

La soberanía que reclama ya la tiene, lo mismo que la plenitud nacional y el Estado propio: como españoles que son y han sido siempre, todo eso lo tienen a raudales. Por cierto, que Mas, en su arraigada costumbre mentirosilla y ocultista, ¿no les cuenta, a quienes quieren oírle, que la entrada de un país en la UE solo es posible por unanimidad de todos los países de la UE? Eso incluye a España. Toda esta verborrea casposa solo tiene sentido en un monólogo de Marx. De Groucho, quiero decir.

9. Los recortes presupuestarios seguirán tras las elecciones autonómicas del 25 de noviembre. «Prometer a la población que se acabarán es engañar».

            Por supuesto que seguirán los recortes; incluso crecerán un poco para pagar este adelanto de elecciones que él ha decidido. No creo que explique cuál será el monto total de la francachela, y eso también es engañar. 

10. «Los recortes no son de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, son directrices tomadas entre todos los que mandan en la Unión Europea. Hollande ha hecho el mayor recorte de la historia en Francia, y Francia no es un estado cualquiera de la UE».

            Bien: esto es todo lo que se le ocurre al respecto de la crisis al señor Mas. Como se aprecia, un argumentario propio de un enorme estadista. El señor Mas no da para más (perdonen el chistecillo tan malo).

Argako urretxindorra