Como buen tontico, heme aquí otra vez. Porque ya sabéis, mal de muchos consuelo de tontos. Me refiero a los que escribimos alguna vez sobre la res política; un buen tontico no suele cambiar, por muchas razones que le den para ello. Y las dan, las dan.
Ayer, por un momento me puse un poco serio al hablar de Arturo Mas, otra evidencia de mi pardillismo. Porque, a pesar de mi torpeza, o quizá por ella, no me cambiaba por él ni aun por una de las cuentas paradisíacas de su mentor, don Jorge.
Siempre me han gustado los fuegos artificiales, desde pequeño. Ahora, con la informática aplicada a la pirotecnia, hacen espectáculos todavía más increíbles. Suaves unos, poderosos otros, consiguen efectos de ritmo imposibles, crescendos apasionados, menudeos amables, estruendos apocalípticos... te mantienen en gozosa tensión esperando una sorpresa más. Hoy, el día después, los partidos y los periodistas se dedican a analizar los resultados -¿qué resultados?- de la mítica jornada del 9N en Cataluña. ¿Espectáculo de fuegos artificiales? ¡Qué va, hombre, qué va! Se parece todo esto a los cohetes que tiraba - en sentido amplio- Patxi en mi pueblo durante la procesión del Corpus. Llevaba un par de docenas de cañas cabezonas en una mano cuyo único efecto era que silbaban al salir y, a poca altura, explotaban con un ruido bastante desagradable. No sé por qué, Patxi siempre se empeñaba en varias cosas que, para mí, pequeño aún, no tenían mucho sentido. Encendía las mechas con un cigarro al que, de vez en cuando, le daba una calada. Sujetaba los cohetes con la mano izquierda, la misma en la que sostenía el cigarro encendido, porque la derecha la utilizaba para coger el que iba a tirar a continuación. Suavemente agarrado -en el caso de Patxi es solo una forma de hablar-, acercaba el cigarro a la mecha y, con él, todos los cohetes restantes; y al cielo que iba el chisme. Imagínense el peligro constante. Hay quien dice que no se puede bandear y estar en la procesión al mismo tiempo; pero Patxi tiraba los cohetes desde la misma cabecera, al lado del palio. No lo hacía verticalmente, en eso era cuidadoso, porque al explotar el artilugio, la caña se desprendía y no quería que cayese sobre la gente asistente. Pero eso tenía otro peligro; y es que con el lío de cohetes y cigarros en la mano, y que la trayectoria nunca era recta, a veces salía excesivamente inclinado para ir a explotar contra algún balcón de las casas de arriba -mi pueblo es una pendiente infinita, como todo buen pueblo-. A Patxi no le pidas chorradas, que si ritmo o cadencia o crescendos... Él lanzaba los cohetes cuando le parecía, hacían mucho ruido desaforado y se acabó.
Me he alejado del tema, al parecer. Bueno, no. La cosa es que hoy se analiza, por parte de las mentes sesudas y privilegiadas, el espectáculo pirotécnico de ayer en Cataluña, mi Cataluña. Y se empeñan en hacerlo como si hubiese sido la obra maestra de los hermanos Caballer cuando, en realidad, ni se acerca a una de mi buen Patxi. Lo admito, siento vergüenza ajena y propia, de las dos. Porque si lo de ayer fue ridículo, lo de hoy y mañana y los próximos días es incalificable para mí. No es que tenga dotes de adivino sino que es tan aburridamente predecible, tan decepcionantemente tópico, tan cansinamente repetido que no hay nada que esperar: "Los catalanes votan masivamente por la independencia"; "Una jornada de libertad y de civismo"; "El pueblo catalán apoya masivamente el ejercicio ciudadano de la libertad de expresión" y cienes y cienes de sandeces como estas. Tendremos a los políticos torpes diciendo que Rajoy y Mas tienen que sentarse a dialogar o que, tras el 9N, el gobierno español ya no puede obviar la voz del pueblo catalán, o... ¡Oh, cuánta tontería, incluida las mía!
Como en este absurdo todos los números son supuestos hay poco que decir. Quizá solo que la inmensa mayoría de los que eran "llamados a la consulta" se ha vuelto a quedar en casa. Los que no se queden en afirmar esto y vayan más allá, o son torticeros, o tienen que comer también hoy o son tan tonticos como yo: porque no hay más (con tilde). A sus supuestos números me remito.
En este punto, por honradez innecesaria, debo admitir que me sigue sin parecer mal la política de Rajoy. Dicen que es la política del avestruz, que no dice ni hace nada. No estoy de acuerdo. Es que no hay apenas nada que decir y poco que hacer. Y esto último, lo poco que hay que hacer, con cuentagotas y con precisión suiza (uy, me ha traicionado el subconsciente). El 10% ha de hacerse con luces y taquígrafos: tribunales constitucionales, fiscalías, jueces, periodistas y todo eso. Y, los demás, hagamos también algo que el español medio suele ser bastante indolente y siempre espera que otro -el gobierno, normalmente- saque las castañas del fuego.
¡Ah! ¿Qué me he dejado por aclarar qué hay que hacer con el 90% restante? Eso lo saben Mariano y Sorayita.
Argako urretxindorra
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lunes, 10 de noviembre de 2014
domingo, 9 de noviembre de 2014
9N: el circo más triste del mundo.
"Había una vez un circo que alegraba siempre el corazóoooon"
Qué grande, Fofó. Después de tantos años, cuando estoy contento me suele venir su canción a la mente. Precisamente, estoy tarareándola ahora mismo mientras leo las noticias sobre Cataluña. Esto sí que es un circo, pero no como el de Fofó, alegre y divertido, sino como esos de carpa caída, sucios y terminales, donde lo más chispeante son las pocas lentejuelas que quedan, mal prendidas, del traje roído del jefe de pista.
Y es que Arturo, en medio de la pista, con el micro que se acopla insoportablemente, no ha visto su sueño cumplido. ¡Ay, Arturito, quién te ha visto y quién te ve! ¡Vaya ruina! Un hombre que hace tiempo dejó todo por llevar a cabo su objetivo, que dejó hasta de gobernar. Un hombre que fue cambiando su objetivo conforme se enfrentaba a la realidad, como Groucho Marx con sus principios. Un hombre señalado con el dedo todo poderoso de su padre putativo, don Jorge Pujol, para llevar a la meta no se sabe bien qué. Y aquí estamos, yo con la cancioncilla de Fofó y él, con la sonrisa de plástico, saboreando la amargura del desastre.
Aquel día radiante en el que don Jorge le dijo solemnemente: Tú eres mi delfín y sobre ti edificaré mi cortijo catalán, dio pie a días duros, pérfidos sin cuento. Porque desde aquel día festivo, todos han sido aciagos, nefastos, para él, para su familia y, aun más triste, para Cataluña.
El pobre Arturo perdió, en primer lugar, su propia libertad, la personal. No se la quitaron, la perdió él. Y lo hizo por soberbia infinita, que es la madre de toda estupidez. Y siguió perdiéndola, una y otra vez, con cada decisión que tomó. Él decidió adelantar las elecciones y ofrecer en bandeja de plata la cabeza de su propio partido a Oriol Junqueras. Él decidió seguir adelante con un proyecto que no era tal, por imposible. Él fue quien tomó la decisión de no gobernar y no dejar gobernar, convirtiendo su región en el esqueleto de lo que había sido. Él y solo él hizo posible la ruptura de una coalición que había estado en la cúspide del poder en Cataluña. Solo Arturo decidió continuar en una desencajada huída hacia adelante, a sabiendas de que con ello arrastraba a tantos hacia un precipicio de consecuencias tan conocidas como desastrosas.
Todo lo fió, finalmente, a una fecha, la de hoy. De lo que los sueños habían construido solo quedan los restos más tristes y ridículos. Hoy era el gran día. Hoy es, simplemente, la escenificación de la vergüenza, de la debacle y de la ceniza.
Aquella Cataluña que fue grande, libre, próspera, puntera, meta de muchos, abierta, europeísta, un punto orgullosa y un tanto engreída, es hoy la que muestra sus menos pudendas miserias en un escenario abierto al mundo, para mayor ridículo si es que es posible.
Aquella festiva fecha para unos, temida por otros, curiosa para la mayoría, ya ha llegado. El fausto día, que sería el inicio de la quimera, es, en realidad, la representación circense más chusca y triste. Millones irán a votar, pero nunca sabremos cuántos. Habrá un resultado, pero nunca servirá porque no será fiable. No habrá censo porque se creará sobre la marcha un listado que desaparecerá el mismo día. Contarán las papeletas voluntarios fanáticos que no necesitan contarlas, sin nadie que quiera y pueda certificarlas. Votarán inmigrantes desconocidos, niños de dieciséis años, catalanes que se encuentren en el extranjero, pero no podrán votar los catalanes que vivan en otras regiones españolas.
Y, al día siguiente, mañana, será un nuevo día pero un día más, un día sin más. ¿Qué quedará entonces? Ya habrán ejercido su inexistente "derecho a decidir"; ya tendremos unos inexistentes resultados, que todos conocíamos mucho antes. Ya veremos y oiremos celebraciones que nada tienen para celebrar. La quimera seguirá, sarta de mentiras y falsedades, porque los resultados solo servirán para echárselos a la cara, para medir el índice antidemocrático que tienen, para mostrar, una vez más, que los fanáticos no reparan en los medios, que todo les vale. Y continuarán con sus lamentos y sus lloros ficticios, culpando a España de no haberles dejado ejercer sus derechos como pueblo, de haber tenido que hacer este paripé obligados, haciendo, de su enemigo inventado, culpable de lo que solo ellos crean y ellos destruyen.
A pesar de la sonrisa de plástico y de las declaraciones grandilocuentes y triunfalistas, hoy no es el día soñado por Arturo. Hoy es un día duro, de realismo tremendo, en el que ve su penúltimo fracaso cobrar vida, como espectro de sus sueños. Y lo peor para él y para su familia es que esto no ha hecho más que empezar. Su futuro personal es negro como cueva de brujas. Seguirá habiendo días más duros, más terribles, más patéticos, para él y para su familia, en los que el pobre Arturo se irá consumiendo por dentro. Y a mí, la cancioncilla de Fofó me seguirá acompañando plácidamente.
Argako urretxindorra
Qué grande, Fofó. Después de tantos años, cuando estoy contento me suele venir su canción a la mente. Precisamente, estoy tarareándola ahora mismo mientras leo las noticias sobre Cataluña. Esto sí que es un circo, pero no como el de Fofó, alegre y divertido, sino como esos de carpa caída, sucios y terminales, donde lo más chispeante son las pocas lentejuelas que quedan, mal prendidas, del traje roído del jefe de pista.
Y es que Arturo, en medio de la pista, con el micro que se acopla insoportablemente, no ha visto su sueño cumplido. ¡Ay, Arturito, quién te ha visto y quién te ve! ¡Vaya ruina! Un hombre que hace tiempo dejó todo por llevar a cabo su objetivo, que dejó hasta de gobernar. Un hombre que fue cambiando su objetivo conforme se enfrentaba a la realidad, como Groucho Marx con sus principios. Un hombre señalado con el dedo todo poderoso de su padre putativo, don Jorge Pujol, para llevar a la meta no se sabe bien qué. Y aquí estamos, yo con la cancioncilla de Fofó y él, con la sonrisa de plástico, saboreando la amargura del desastre.
Aquel día radiante en el que don Jorge le dijo solemnemente: Tú eres mi delfín y sobre ti edificaré mi cortijo catalán, dio pie a días duros, pérfidos sin cuento. Porque desde aquel día festivo, todos han sido aciagos, nefastos, para él, para su familia y, aun más triste, para Cataluña.
El pobre Arturo perdió, en primer lugar, su propia libertad, la personal. No se la quitaron, la perdió él. Y lo hizo por soberbia infinita, que es la madre de toda estupidez. Y siguió perdiéndola, una y otra vez, con cada decisión que tomó. Él decidió adelantar las elecciones y ofrecer en bandeja de plata la cabeza de su propio partido a Oriol Junqueras. Él decidió seguir adelante con un proyecto que no era tal, por imposible. Él fue quien tomó la decisión de no gobernar y no dejar gobernar, convirtiendo su región en el esqueleto de lo que había sido. Él y solo él hizo posible la ruptura de una coalición que había estado en la cúspide del poder en Cataluña. Solo Arturo decidió continuar en una desencajada huída hacia adelante, a sabiendas de que con ello arrastraba a tantos hacia un precipicio de consecuencias tan conocidas como desastrosas.
Todo lo fió, finalmente, a una fecha, la de hoy. De lo que los sueños habían construido solo quedan los restos más tristes y ridículos. Hoy era el gran día. Hoy es, simplemente, la escenificación de la vergüenza, de la debacle y de la ceniza.
Aquella Cataluña que fue grande, libre, próspera, puntera, meta de muchos, abierta, europeísta, un punto orgullosa y un tanto engreída, es hoy la que muestra sus menos pudendas miserias en un escenario abierto al mundo, para mayor ridículo si es que es posible.
Aquella festiva fecha para unos, temida por otros, curiosa para la mayoría, ya ha llegado. El fausto día, que sería el inicio de la quimera, es, en realidad, la representación circense más chusca y triste. Millones irán a votar, pero nunca sabremos cuántos. Habrá un resultado, pero nunca servirá porque no será fiable. No habrá censo porque se creará sobre la marcha un listado que desaparecerá el mismo día. Contarán las papeletas voluntarios fanáticos que no necesitan contarlas, sin nadie que quiera y pueda certificarlas. Votarán inmigrantes desconocidos, niños de dieciséis años, catalanes que se encuentren en el extranjero, pero no podrán votar los catalanes que vivan en otras regiones españolas.
Y, al día siguiente, mañana, será un nuevo día pero un día más, un día sin más. ¿Qué quedará entonces? Ya habrán ejercido su inexistente "derecho a decidir"; ya tendremos unos inexistentes resultados, que todos conocíamos mucho antes. Ya veremos y oiremos celebraciones que nada tienen para celebrar. La quimera seguirá, sarta de mentiras y falsedades, porque los resultados solo servirán para echárselos a la cara, para medir el índice antidemocrático que tienen, para mostrar, una vez más, que los fanáticos no reparan en los medios, que todo les vale. Y continuarán con sus lamentos y sus lloros ficticios, culpando a España de no haberles dejado ejercer sus derechos como pueblo, de haber tenido que hacer este paripé obligados, haciendo, de su enemigo inventado, culpable de lo que solo ellos crean y ellos destruyen.
A pesar de la sonrisa de plástico y de las declaraciones grandilocuentes y triunfalistas, hoy no es el día soñado por Arturo. Hoy es un día duro, de realismo tremendo, en el que ve su penúltimo fracaso cobrar vida, como espectro de sus sueños. Y lo peor para él y para su familia es que esto no ha hecho más que empezar. Su futuro personal es negro como cueva de brujas. Seguirá habiendo días más duros, más terribles, más patéticos, para él y para su familia, en los que el pobre Arturo se irá consumiendo por dentro. Y a mí, la cancioncilla de Fofó me seguirá acompañando plácidamente.
Argako urretxindorra
lunes, 26 de noviembre de 2012
Elecciones autonómicas catalanas: y, ahora, ¿qué?
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Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN
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Ya se han celebrado las dichosas elecciones autonómicas en
Cataluña. ¿Y? ¿Ahora qué?
Desde un principio he definido la rabieta de niño pequeño de
Arturito Mas, al romper su legislatura tras dos escasos años, como una huida
hacia ningún sitio. Un gobernante como él es absolutamente indigno e
indignante. Este “rey sol” de tres al
cuarto se ha cavado su propia fosa. Eso es lo mejor. Porque un sujeto como
este, narcisista, megalómano, henchido de orgullo y superioridad, es incapaz de
gobernar, es completamente absurdo y peligroso para todos, incluidos los suyos.
Me imagino lo que puede estar pensando su padre putativo, Jordi Pujol, de su
delfín que ya no va a llegar a nada más. Y me imagino lo que debe estar
diciendo por esa boquita, como tiene por costumbre, la matriarca Ferrusola.
Ellos mismos le darán la boleta, porque no perdonan. Y mucho menos, cuando en
un profundo error de cálculo, probablemente debido a su experiencia como
intocable, ha hecho sacar a la luz el probable enriquecimiento ilícito de la
familia Pujol. No tengo la menor duda de que todo esto le va a llevar por
delante, más tarde o más temprano.
Pero el señor Mas ha hecho más –es difícil evitar la
homofonía-: ha puesto al descubierto su verdadera calaña y la de su partido,
Convergencia: son el perfecto ejemplo de los políticos que nos asquean a los
ciudadanos: soberbios, superiores, elitistas, mentirosos, tramposos, chorizos e
incapaces.
Definitivamente, la personificación de moisés, que se atribuyó a sí mismo, termina aquí. Mañana, tendrá que
volver a “gobernar”. Y no sabe, lo ha
demostrado. Ahora tiene que enfrentarse a una realidad de la que se había
evadido. Y no ha ganado amigos y ha perdido muchos. Está más solo que nunca. Y
a su partido lo ha debilitado en términos absolutos: le ha hecho perder 12
escaños. Y el señor Rajoy, en su enorme capacidad de manejar el tempo, ahora le
está esperando: y esto se verá, sin lugar a dudas.
Al final, después de todo este disparate, la realidad es
esta: la apuesta independentista pretendida por Mas y Convergencia, es más
débil que hace dos años. No se cuenta en los escaños. Como saben todos, el
reparto de escaños se basa en el número de votos y, también, en qué
circunscripciones los han conseguido. Pero en un hipotético referéndum, cada
voto vale y se cuenta como uno, no hay cocina ni reparto. En 2010, los partidos
independentistas contaron con 300.781 votos más que los no independentistas.
Hoy solo tienen 136.397 más, y seguirán cayendo. Eso por no contar con los 1.558.339 que se han quedado en casa. A la
hora de tener que decidir en un referéndum sobre su propia independencia y lo
que eso les supondría, no sé cuántos dejarían de votar, pero creo que la diferencia
aún sería menor o favorable a los no independentistas.
Los peores resultados históricos de
Convergencia: ¿le felicitarán a Mas sus compañeros que se quedan en el paro a
partir de hoy, cuando aún les quedaba un par de años de mamandurria? Y, ¿qué va
a hacer Durán y su Unió? Ninguneado
como lo ha sido durante toda la campaña, echado de la madre de todas las
manifestaciones, arrastrado por Mas y los jefes convergentes, habiendo perdido
toda la aureola de hombre de estado, habiendo roto para siempre su viejo deseo
de ser ministro del gobierno español, ¿qué le queda?
Veremos las tonterías de un parlamento
catalán más roto que nunca. Veremos más demagogia que nunca. Veremos uniones y
traiciones entre convergentes y esquerreros. Veremos ridiculeces y absurdos del
Partido Socialista de Cataluña y del PSOE. Ha habido cambios, muchos cambios en
poco tiempo. Pero hoy, la hipotética independencia de Cataluña está más
difícil, más lejos. Y el señor Mas tiene un problema mucho mayor del que tenía
hace mes y medio.
martes, 9 de octubre de 2012
Cataluña sí es viable como país independiente
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Ni "copirrais" ni chorradas de esas.Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN
Como ya comenté en su momento, una de las intenciones de Arturo Mas, al adelantar las elecciones
autonómicas en Cataluña, es la de convertirlas en un plebiscito sobre sus tesis
independentistas. Trampa mayúscula de la que ya avisé y en la que no deberíamos
haber caído. Pero lo hemos hecho todos, para regocijo de Mas y sus acólitos. A
título de curiosidad, ¿qué razones oficiales ha dado para convocarlas? Porque
no se rompe una legislatura así como así. Pues ninguna. Y, con la situación
especialmente desastrosa de la economía catalana, cuyo gestor es el gobierno de
Mas, ¿nadie hace de esta la verdadera campaña? ¿Nos sometemos, torpemente, a
sus deseos de centrarlo todo en una hipotética independencia de Cataluña? Somos
profundamente torpes.
Una de las cosas que se repiten ahora por activa, por pasiva
y por perifrástica es una estupidez cuadrada, o sea, inamovible: «Cataluña independiente, no es viable
económicamente». Hay que ser bobo para esgrimir semejante… ¿tontería? Pero
vamos a ver: ¿a quién le importaría la viabilidad de la República de Cataluña
si llegase a existir? A mí no, desde luego.
A lo que vamos. ¿Cuántos países hay en el mundo con menor PIB que Cataluña y
«viables»? Muchos: Finlandia,
Irlanda, Hungría, Marruecos, Qatar, Kuwait, Bielorrusia, Lituania, Letonia,
Estonia y un largo etcétera. Dejémonos por tanto de monsergas.
La cuestión real es otra: ¿cuánto más pobremente están
dispuestos a vivir los catalanes para conseguir ser independientes? ¿Qué
privaciones, a las que no están acostumbrados, van a aceptar con tal de ser
independientes? Porque eso sí que sería la realidad de la secesión. En
definitiva, sería un país viable pero mucho más pobre. ¿Están dispuestos los
catalanes a dar ese paso? (sonrisas y lágrimas).
Veamos un par de tonterías por encima. Ciertamente, en caso
de obtener la dichosa independencia, se gobernarían a sí mismos, harían lo que
les diera la gana… o eso creen, porque es falso. Que pregunten a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o la propia España si hacen lo que quieren o lo que quieren otros.
1.
Automáticamente, quedarían expulsados de la
Unión Europea donde no se admite la secesión de una parte del territorio de un
país miembro.
2.
Tendrían que iniciar el proceso para ingresar en
la UE, largo y tedioso; y con un pequeño inconveniente añadido: solo se ingresa
por el acuerdo de todos los países miembros. Y yo me pregunto: ¿daría España el
sí? Y, ¿Bélgica? Y ¿Francia? ¿Estarían estos y otros países miembros dispuestos
a conceder el ingreso a un país independizado a sabiendas de que eso animaría
otros procesos similares en otros países europeos? ¿Francia con su problema en
Normandía? ¿Bélgica con su problema flamenco-valón? ¿Gran Bretaña con su asunto
escocés? E, insisto: ¿España?
3.
Perderían el euro como moneda y tendrían que
crear la suya propia. Con la que está cayendo, ¿cuál sería la nueva paridad
de la moneda catalana? A día de hoy, ¿los bonos catalanes no están considerados
«basura», peores que los griegos?
4.
¿Quién respondería de la deuda que Cataluña
tiene contraída? Ya no habría una España detrás ni tampoco una Unión Europea.
5.
Teniendo en cuenta que hoy en día más del 57%
del producto interno bruto de Cataluña lo genera por las ventas al resto de
España, ¿cuánto bajaría el PIB en caso de ser otro país? Porque esas ventas se
convertirían en exportaciones: ¿cuánto estarían dispuestos los españoles a
importar de Cataluña?
6.
Ateniéndonos a que Cataluña, actualmente,
exporta al resto del mundo menos de lo que importa de ellos, ¿cuál sería
entonces su balanza comercial?
7.
Ante la caída del PIB, ¿cuánto caería la
recaudación del estado catalán? Naturalmente, tendrían que subir los impuestos
para sostener el gasto público. ¿Cuánto más están dispuestos a pagar los
catalanes?
8.
¿A cuántas empresas establecidas hoy en día en
Cataluña les seguiría interesando permanecer allá? De momento, la primera que
tendría problemas serios sería La Caixa,
como reconoció su propio presidente, nacionalista, por cierto.
9.
Y de las multinacionales, ¿cuántas preferirían
quedarse allá? Porque la seguridad jurídica que tienen a través de la UE se
perdería. Ahora, al estar en Cataluña, están en un país, España, miembro de la
UE y con un PIB de 1,4 billones de euros. ¿Preferirían pasar, de repente, a
quedar afincados en un país con un PIB de entre 0,15 y 0,20 billones, según los
mejores cálculos actuales? ¿Y sin respaldo jurídico europeo?
10.
¿Qué tamaño pasarían a tener los bancos
catalanes? ¿Qué capacidad de competencia con el resto de los bancos europeos?
¿Qué respaldo crítico tendrían de su estado en situación de crisis? ¿Metería usted su
dinero en un banco catalán en estas condiciones?
11.
¿Cuánta gente se marcharía de Cataluña por
razones personales o por razones laborales y profesionales? ¿Cómo quedaría, al final, la población catalana, cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente? ¿Habría fuga de cerebros?
12.
¿Cuánto crecería la deuda catalana en el proceso
de devolución a España de las inversiones realizadas allá históricamente?
¿Podría asumir la devolución de lo que ya no sería suyo? ¿O nos tendríamos que quedar con media Cataluña, siendo ya nosotros extranjeros?
13.
¿Qué posibilidades reales tendría el puerto de
Barcelona, siendo un país independiente? De todo el tráfico de entrada y
salida, ¿cuánto está referenciado a España?
14.
¿Qué sucedería en materia de aranceles a las
exportaciones catalanas con relación a España? ¿Y con relación a los demás
países de la UE? ¿Cuánto más caras les resultarían? ¿Cuánto bajaría su competitividad
por este asunto nada más?
15.
Una última cosilla: ¿cómo quedaría la vida social
y política catalana? ¿Se convertiría CiU en partido único? ¿Tendrían la gran pelea
con ERC? Una vez desaparecido el nacionalismo, ¿cuál sería el proceso de
reconversión de estos partidos? ¿Sería pacífico? ¿Daría estabilidad a las
nuevas instituciones catalanas? Y en este proceso de cambio interno, ¿usted invertiría
en un país nuevo o lo haría en otros países mas antiguos, estables y seguros?
Por supuesto que Cataluña sería viable como país. Pero,
¿cuántos catalanes están dispuestos a serlo y hasta dónde estarían dispuestos a
sufrir? Pasar de medio rico a pobretón no es nada fácil. Al día siguiente de
ser independiente, hay que seguir comiendo. Cambiar el BMW por un ciclomotor no
es plato de gusto. Tener que enseñar el pasaporte para ir al pueblo de tus padres
en Soria, no es agradable. Pagar aún más impuestos para recibir mucho peores servicios,
es duro.
Por cierto, además, que Cataluña se independice de España es
imposible. Pero eso es otro tema.
Argako urretxindorra
miércoles, 9 de mayo de 2012
Catalonia is not Spain, but it could be.
Hoy ha habido sesión de control al Gobierno de la Generalidad en el Parlamento catalán. Una jaula de grillos, oiga. Tan pronto se liaban con el señor Mas, que se liaban con el Gobierno nacional, que el señor Mas también se liaba contra el Gobierno nacional, que la señora Sánchez Camacho defendía al Gobierno nacional, que al tiempo apoyaba al señor Mas, que Joaquim Nadal, del PSC, la entramaba contra el Gobierno de la Generalidad… Lo dicho, una jaula de grillos. Pero es normal.
Lo del nacionalismo, sea catalán, vasco o de Tomelloso, lo complica todo por su propia naturaleza. Porque todas las posibilidades que la política ofrece de por sí hay que multiplicarlas por dos. O sea, algo así: yo, que soy nacionalista, te sacudo a ti, que no lo eres. Pero como además soy de izquierdas, le sacudo también al nacionalista de derechas. Por su parte, el nacionalista de derechas también le sacude al que no es nacionalista, pero también al nacionalista de izquierdas. Pero, a veces, se alía con estos últimos para atizarles a los no nacionalistas. Y otras, en cambio, se une a los no nacionalistas de derechas para zumbar a los no nacionalistas de izquierdas y también a los nacionalistas de izquierdas, por ser de izquierdas, en general.
Bien. Así las cosas, yo me pregunto: ¿existe la más mínima posibilidad de dedicarse, además, a gobernar? Pues no muchas, me temo.
Un tipo listo, como el señor Mas, trata de hacer algunas cosillas. Pero, claro, todo es un lío. Al pobre hombre le ha tocado ser “presi” en el peor momento, especialmente si eres nacionalista catalán. Porque sucede los siguiente. El hombre gana las elecciones regionales –o autonómicas, como se quiera- desalojando con ello al famoso e infausto –para los catalanes- “tripartito”. Estos señores, como bien han demostrado, dejaron Cataluña, en lo que pudieron, como un verdadero erial. Lo que le ha obligado al señor Mas a ponerse a gobernar, cosa que obviamente, para un nacionalista catalán tiene poca gracia. Lo bueno habría sido lo que le pasó a Pujol, que puedes darte todo el aire que quieras como “molt honorable” y liarte y desliarte con el Gobierno de la Nación, en un continuo tira y afloja victimista, pedigüeño, llorón o sacapecho, según convenga.
Pero al señor Mas le hicieron polvo sus antecesores. Y, lo peor, sin poder echárselo en cara. Es por aquello de cuando entraron los del “tripartito” a gobernar y el bueno de Maragall se deslizó con lo del tres por ciento y tirar de la manta. Obviamente, enseguida se arrepintió y dejó la manta como estaba. Así, cuando Mas entró al Palau de la Generalitat, tampoco pudo tocar el ajuar, al menos, de puertas para afuera. O es que, quizá, ya no habían dejado ni una manta de la que tirar.
Hay un cierto grado de desesperación en el señor Mas. Y no es de extrañar. Imagínense: ¡una Cataluña pobre! Pero, ¡cuándo se ha visto tal cosa! Y la desesperación, que me lo tiene requetecomidito por dentro, viene por dos frentes: tener que recuperar la economía, que no sé, no sé; y tener que hacerlo sin que eso afecte a su ego nacionalista. ¡Imposible, my friend!
Si miramos con un poquitín de tiento, enseguida se ve que uno de los soportes inconfesados de los nacionalismos españoles es el orgullo desabrido o, también denominable como complejo de superioridad. Ellos, magos en el uso perverso del idioma español, lo llaman “diferencia”: “respeto a la diferencia”, “Nosotros somos diferentes”. Pero cambien sustantivos y adjetivos por la familia léxica de “superioridad” y verán cómo les resulta más sincero: “respeto a la «superioridad»”, “Nosotros somos «superiores»”, o el manoseado “Catalonia is not Spain”, o sea, “Catalonia is not Spain because Catalonia is superior”.
Pues ahí le duele al amigo Mas. Lo peor, lo intragable, lo intolerable. No solo es que tenga que gobernar en una situación ruinosa, algo para lo que un nacionalista, en términos generales, no está excesivamente entrenado –su vida política ha ido por otros derroteros más sencillos-. Lo peor es admitir la situación. Evidentemente, hay maneras de afrontarla sin tener que pasar por el trago de admitirlo. Veamos: “España nos desangra y se queda con nuestro dinero”. Pues es una buena fórmula. Nosotros, los catalanes, seguimos siendo tan estupendos como siempre; pero España, ese otro país que nos tiene amarrados, nos quita lo que producimos para repartirlo entre ellos, a vagos y maleantes básicamente. Es una fórmula sencilla y eficaz. Y, como esta, hay varias, todas del mismo tenor.
Así que no hay que asustarse mucho por las bravatas de unos y otros: “Que se acabe de una vez esto de chupar de la ubre catalana” dice Puigcercós. "Cataluña tendrá hacienda propia por la vía del pacto o por propia decisión”, añade Artur Mas. O no, digo yo, que va a ser que no.
Si un día, otro Felipe II trasladara la corte, esta vez a Barcelona, se habría acabado el nacionalismo catalán: “Catalonia is Spain again, for sure”.
Arga-ko urretxindorra
Lo del nacionalismo, sea catalán, vasco o de Tomelloso, lo complica todo por su propia naturaleza. Porque todas las posibilidades que la política ofrece de por sí hay que multiplicarlas por dos. O sea, algo así: yo, que soy nacionalista, te sacudo a ti, que no lo eres. Pero como además soy de izquierdas, le sacudo también al nacionalista de derechas. Por su parte, el nacionalista de derechas también le sacude al que no es nacionalista, pero también al nacionalista de izquierdas. Pero, a veces, se alía con estos últimos para atizarles a los no nacionalistas. Y otras, en cambio, se une a los no nacionalistas de derechas para zumbar a los no nacionalistas de izquierdas y también a los nacionalistas de izquierdas, por ser de izquierdas, en general.
Bien. Así las cosas, yo me pregunto: ¿existe la más mínima posibilidad de dedicarse, además, a gobernar? Pues no muchas, me temo.
Un tipo listo, como el señor Mas, trata de hacer algunas cosillas. Pero, claro, todo es un lío. Al pobre hombre le ha tocado ser “presi” en el peor momento, especialmente si eres nacionalista catalán. Porque sucede los siguiente. El hombre gana las elecciones regionales –o autonómicas, como se quiera- desalojando con ello al famoso e infausto –para los catalanes- “tripartito”. Estos señores, como bien han demostrado, dejaron Cataluña, en lo que pudieron, como un verdadero erial. Lo que le ha obligado al señor Mas a ponerse a gobernar, cosa que obviamente, para un nacionalista catalán tiene poca gracia. Lo bueno habría sido lo que le pasó a Pujol, que puedes darte todo el aire que quieras como “molt honorable” y liarte y desliarte con el Gobierno de la Nación, en un continuo tira y afloja victimista, pedigüeño, llorón o sacapecho, según convenga.
Pero al señor Mas le hicieron polvo sus antecesores. Y, lo peor, sin poder echárselo en cara. Es por aquello de cuando entraron los del “tripartito” a gobernar y el bueno de Maragall se deslizó con lo del tres por ciento y tirar de la manta. Obviamente, enseguida se arrepintió y dejó la manta como estaba. Así, cuando Mas entró al Palau de la Generalitat, tampoco pudo tocar el ajuar, al menos, de puertas para afuera. O es que, quizá, ya no habían dejado ni una manta de la que tirar.
Hay un cierto grado de desesperación en el señor Mas. Y no es de extrañar. Imagínense: ¡una Cataluña pobre! Pero, ¡cuándo se ha visto tal cosa! Y la desesperación, que me lo tiene requetecomidito por dentro, viene por dos frentes: tener que recuperar la economía, que no sé, no sé; y tener que hacerlo sin que eso afecte a su ego nacionalista. ¡Imposible, my friend!
Si miramos con un poquitín de tiento, enseguida se ve que uno de los soportes inconfesados de los nacionalismos españoles es el orgullo desabrido o, también denominable como complejo de superioridad. Ellos, magos en el uso perverso del idioma español, lo llaman “diferencia”: “respeto a la diferencia”, “Nosotros somos diferentes”. Pero cambien sustantivos y adjetivos por la familia léxica de “superioridad” y verán cómo les resulta más sincero: “respeto a la «superioridad»”, “Nosotros somos «superiores»”, o el manoseado “Catalonia is not Spain”, o sea, “Catalonia is not Spain because Catalonia is superior”.
Pues ahí le duele al amigo Mas. Lo peor, lo intragable, lo intolerable. No solo es que tenga que gobernar en una situación ruinosa, algo para lo que un nacionalista, en términos generales, no está excesivamente entrenado –su vida política ha ido por otros derroteros más sencillos-. Lo peor es admitir la situación. Evidentemente, hay maneras de afrontarla sin tener que pasar por el trago de admitirlo. Veamos: “España nos desangra y se queda con nuestro dinero”. Pues es una buena fórmula. Nosotros, los catalanes, seguimos siendo tan estupendos como siempre; pero España, ese otro país que nos tiene amarrados, nos quita lo que producimos para repartirlo entre ellos, a vagos y maleantes básicamente. Es una fórmula sencilla y eficaz. Y, como esta, hay varias, todas del mismo tenor.
Así que no hay que asustarse mucho por las bravatas de unos y otros: “Que se acabe de una vez esto de chupar de la ubre catalana” dice Puigcercós. "Cataluña tendrá hacienda propia por la vía del pacto o por propia decisión”, añade Artur Mas. O no, digo yo, que va a ser que no.
Si un día, otro Felipe II trasladara la corte, esta vez a Barcelona, se habría acabado el nacionalismo catalán: “Catalonia is Spain again, for sure”.
Arga-ko urretxindorra
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