Un par o tres de cosillas:
1. Entiendo que la corrupción de los políticos causa y cause indignación, hartazgo, cabreo y mil cosas más entre la gente. Normal. Pero creo que es sumamente importante distinguir entre la corrupción y la inundación de detenciones, instrucciones de sumarios y sentencias sobre la corrupción. Y es importante porque son cosas opuestas.
Es cierto que nos enteramos de la corrupción cuando la Guardia Civil se lía a detener sospechosos y los jueces se ponen manos a la obra. Antes de eso, también lo sabemos; pero no somos capaces de dar nombre y rostro a la corrupción.
En la situación actual, es fácil caer en las tentaciones: la de generalizar; la del arrebato de rabia; o la de creer y manifestar que el sistema no funciona. Pero esto último no es cierto. La prueba de que el sistema sí funciona no es, obviamente, la corrupción sino la respuesta, dura, contundente e igualitaria que el sistema devuelve. La corrupción es la fotografía antigua de nuestro país; las detenciones y los sumarios son la fotografía actual. Los granados, puyoles, fernández, urdangarines y pantojos enriqueciéndose a costa de los demás son lo pasado; los granados, puyoles, fernández, urdangarines y pantojos entrando en la cárcel, o siendo detenidos o investigados son el presente. Evidentemente, hoy sigue habiendo tiparracos haciendo de las suyas a los que todavía no se les ha aliviado; por supuesto. Pero seguro que menos que hace un par de años. Porque, ya se sabe: el miedo guarda la viña.
Dejarnos llevar exclusivamente por la legítima rabia no debe llegar al punto de no permitirnos ver la realidad tal cual es. El sistema ha permitido la existencia del sinvergüenza pero también se ha remangado y se ha puesto a limpiar estiércol sin pausa y sin distinciones. Razón clara para no amargarse del todo.
2. En coyunturas de este tipo siempre me acuerdo del pasaje evangélico; y es que no puedo evitar el pensar en pajas, vigas y ojos. En España, el pillo, el lazarillo de Tormes o de Matalascañas, no nos engañemos, nunca ha estado mal visto. La vista gorda la hemos hecho con facilidad y, en algunos casos, hemos elevado a categoría de pseudohéroes a cantantes listillos, a actores aprovechados, a bandoleros ecijanos, a políticos asaltasupermercados, a sindicalistas carboneros, a periodistas mundanos, a futbolistas del hemisferio sur, etc., etc. Semos asín.
En España hemos tenido sindicalistas liberados que no debían serlo hasta multiplicarse por cinco. Miembros y miembras del mundo de la cultura que se montaban sus empresas y tributaban a través de ellas cuando debían hacerlo por IRPF. Profesionales liberales que cobraban en negro cien veces más que en blanco y que ni siquiera pagaban IVA. Oenegés que no eran tales y se llevaban subvenciones a manos llenas. Gente que trabajaba las peonadas justas para llevarse el PER y no trabajaban, en blanco, ni un minuto más. Y eso es dominio público y obra pública. Además de que los españoles somos dados a medir con varias varas distintas, según nuestros intereses y nuestras simpatías. La hipocresía en general parece estar incrustada en alguno de nuestros genes y lo transmitimos a nuestros vástagos, aunque casi ya no tengamos, con verdadero ahínco. Volviendo al Evangelio, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y es que, pese a quien pese, el problema no es de sistema sino de personas, de personas con muy poquita moral. La verdadera regeneración no vendrá por leyes y amenazas, parches necesarios ahora; sino por la regeneración moral y ética de todos, asunto mucho más costoso y del que estamos muy necesitados y alejados.
3. A río revuelto, ganancia de pescadores. Solo hay que echar la caña o las redes y los peces entran solos. Ahora, el único pescador que está en la orilla con redes inmensas se llama Pablo Iglesias y Podemos. Si no hizo nada y consiguió más de un millón de votos en las europeas, además de colocarse como seguro secretario general de su formación, ahora, sin hacer mucho, que los demás partidos ya se encargan en su lugar, la cosecha puede ser de escándalo. Y es normal. La indudable habilidad de los chicos de Podemos para decir y no decir y decir lo contrario sigue siendo una herramienta muy útil en estos momentos. Básicamente se trata, para ellos, de esperar sin hacer tonterías a que las manzanas maduras (con perdón) caigan del arbolillo. Y todos nos conocemos bien en este patio de vecinas en el que convertimos nuestro país cada dos por tres: más de una prefiere quedarse ciega con tal que la del bajo entresuelo se quede tuerta.
Argako urretxindorra
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martes, 4 de noviembre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
Esperanza: muy mal, querida.
Dice Esperanza Aguirre que se siente abochornada, que está profundamente avergonzada y pide perdón.
Me parece bien. No dudo de que sea así. Pero me deja frío. Creo que nunca se sabrá por qué dimitió de la presidencia de la Comunidad de Madrid porque tampoco creo que lo vaya a decir nunca. Tampoco sé por qué dimitió a Francisco Granados, de la noche a la mañana, habiendo sido su número dos, porque no lo ha dicho. Hay miles de frases hechas que permiten salir airoso diciendo algo que no quiere decir nada.
Tampoco sé por qué dejó la presidencia de la Comunidad pero continuó con la de su partido en Madrid. Lo que sí sé es que toda esta basura se cometió durante su mandato en el partido; y si hizo algo por evitarlo no sirvió de nada. Así que, como mínimo, se le puede acusar de ineficaz o, incluso, de negligente, dados los resultados.
No es aceptable saldar cuentas con la ciudadanía con una mera comparecencia pública, por muy sobreactuada que pueda ser.
Los partidos políticos no son una sociedad anónima o un coto privado. En primer lugar, porque es la misma Constitución la que los eleva a los altares del sistema democrático. En segundo, porque se financian fundamentalmente con fondos públicos -no quiero entrar en otro tipo de ingresos-; y por último, porque los miembros de los partidos políticos que ellos mismos aceptan como militantes y eligen para el Congreso, son los que representan la soberanía del pueblo español, nada más y nada menos. Lo menos que se puede pedir es que sean honrados, exquisitamente honrados; y que los propios partidos políticos, y no solo el estado, se ocupen con la máxima eficiencia de que así sea.
Un sinvergüenza en un partido es inevitable. Sin problema. Y dos y más. Los casos específicos son lo que menos importa. Pero no estamos hablando de eso o no deberíamos. El asunto grave es tener la conciencia fundamentada de que, tanto los partidos como los sindicatos, son estructuras de corrupción. Es decir, que no solo no tienen la más mínima eficacia a la hora de descubrir, castigar y denunciar ante el juez los casos concretos de chorizos y sinvergüenzas, sino que son fácilmente convertido en la herramienta para la comisión de delitos. Este es el verdadero problema.
Y alguien habrá responsable de que esto haya sucedido. Alguien habrá que, o bien por su dejadez o por su inane acción, ha hecho posible que el sinvergüenza pase de la potencia al acto utilizando al partido o al sindicato como instrumento sin el cual no habría podido llega a delinquir.
Por eso, la señora Aguirre debería contestar, con la claridad con que suele escribir o hablar de otros temas, a una pregunta sencilla: ¿qué ha hecho usted desde el 27 de noviembre de 2004 para tratar de evitar que los militantes canallas del Partido Popular de Madrid se hayan servido del mismo para delinquir?
Lo que menos importa es si ella nombró o dejó de nombrar; o si depositó o dejó de depositar su confianza en este o en aquel. No. Lo importante es qué no hizo y qué hizo mal para que el PP, bajo su presidencia, se haya convertido en fábrica de delincuentes.
Por eso, la ayer compungida Esperanza Aguirre me dejó frío. Menos mal que el Estado, al menos parte de él, sigue funcionando y a toda máquina, lo que me llena de orgullo y satisfacción.
Argako urretxindorra
Me parece bien. No dudo de que sea así. Pero me deja frío. Creo que nunca se sabrá por qué dimitió de la presidencia de la Comunidad de Madrid porque tampoco creo que lo vaya a decir nunca. Tampoco sé por qué dimitió a Francisco Granados, de la noche a la mañana, habiendo sido su número dos, porque no lo ha dicho. Hay miles de frases hechas que permiten salir airoso diciendo algo que no quiere decir nada.
Tampoco sé por qué dejó la presidencia de la Comunidad pero continuó con la de su partido en Madrid. Lo que sí sé es que toda esta basura se cometió durante su mandato en el partido; y si hizo algo por evitarlo no sirvió de nada. Así que, como mínimo, se le puede acusar de ineficaz o, incluso, de negligente, dados los resultados.
No es aceptable saldar cuentas con la ciudadanía con una mera comparecencia pública, por muy sobreactuada que pueda ser.
Los partidos políticos no son una sociedad anónima o un coto privado. En primer lugar, porque es la misma Constitución la que los eleva a los altares del sistema democrático. En segundo, porque se financian fundamentalmente con fondos públicos -no quiero entrar en otro tipo de ingresos-; y por último, porque los miembros de los partidos políticos que ellos mismos aceptan como militantes y eligen para el Congreso, son los que representan la soberanía del pueblo español, nada más y nada menos. Lo menos que se puede pedir es que sean honrados, exquisitamente honrados; y que los propios partidos políticos, y no solo el estado, se ocupen con la máxima eficiencia de que así sea.
Un sinvergüenza en un partido es inevitable. Sin problema. Y dos y más. Los casos específicos son lo que menos importa. Pero no estamos hablando de eso o no deberíamos. El asunto grave es tener la conciencia fundamentada de que, tanto los partidos como los sindicatos, son estructuras de corrupción. Es decir, que no solo no tienen la más mínima eficacia a la hora de descubrir, castigar y denunciar ante el juez los casos concretos de chorizos y sinvergüenzas, sino que son fácilmente convertido en la herramienta para la comisión de delitos. Este es el verdadero problema.
Y alguien habrá responsable de que esto haya sucedido. Alguien habrá que, o bien por su dejadez o por su inane acción, ha hecho posible que el sinvergüenza pase de la potencia al acto utilizando al partido o al sindicato como instrumento sin el cual no habría podido llega a delinquir.
Por eso, la señora Aguirre debería contestar, con la claridad con que suele escribir o hablar de otros temas, a una pregunta sencilla: ¿qué ha hecho usted desde el 27 de noviembre de 2004 para tratar de evitar que los militantes canallas del Partido Popular de Madrid se hayan servido del mismo para delinquir?
Lo que menos importa es si ella nombró o dejó de nombrar; o si depositó o dejó de depositar su confianza en este o en aquel. No. Lo importante es qué no hizo y qué hizo mal para que el PP, bajo su presidencia, se haya convertido en fábrica de delincuentes.
Por eso, la ayer compungida Esperanza Aguirre me dejó frío. Menos mal que el Estado, al menos parte de él, sigue funcionando y a toda máquina, lo que me llena de orgullo y satisfacción.
Argako urretxindorra
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viernes, 1 de marzo de 2013
La corrupción… ¡Qué felicidad!
Aviso:
Los comentarios no se
censuran.
Beramendi no comenta
los comentarios.
Cualquier contenido de cualquier entrada puede ser utilizado por cualquiera
como guste. Ni "copirrais" ni chorradas de esas.
Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN
Estatus irónico: NADA - UN POCO - BASTANTE - MOGOLLÓN
¡Ay, Señor, Señor! ¡Cómo están las cosas! Es terrible todo
lo que está saliendo. Tanta corrupción, tanto chorizo, tanta porquería…
Pues yo estoy encantado de la vida. En vez de echarme las
manos a la cabeza, cada día me sorprendo con una sonrisa más franca, más
abierta, más alegre y simpática. Se debe, probablemente, a mi poco sentido
común. Pero me da igual que así sea. Ni me escandalizo, ni me apeno, ni me
entristezco, ni me asusto. Al contrario. Me encuentro más optimista, más
contento, más agradable y más amable. Ya no me reboto en el coche; ahora cedo
el paso con un saludo de propina. De repente, me doy cuenta de que estoy
silbando Un rayo de sol, uo, uo, uo. Me
regocijo con poco comedimiento cuando sale “otro más” a la palestra. Estoy siendo testigo directo
de algo que nunca había conocido en la abundancia y en la torrentera en la que
ahora se está produciendo. Y espero, con inocente candor, que siga así mucho
tiempo, todo el necesario hasta que salgan todas las asquerosas raíces de tanta
mala y venenosa yerba como se ha apoderado de nuestra vida española en los
últimos 30 años. ¡Qué grandioso espectáculo!
Y yo, que al parecer tengo un concepto de crisis completamente
aislado, (ver entrada del 15 de mayo de 2012) doy gracias a esta que estamos sufriendo… por lo que a la corrupción
puesta contra la pared se refiere.
¡Ah, la crisis! De qué manera está poniendo las cosas en su
sitio. Qué manera tan eficaz de sacar los vómitos sociales a la luz. Y cuánto
queda por hacer. No tengo por menos que agradecer públicamente el trabajo de la
Policía y de la Guardia Civil. Y espero poder hacer lo mismo con el Fiscal
General del Estado y sus subordinados. Con los jueces de todo pelaje y, sin que
sirva de precedente, con algunos periodistas. Es verdad que, al sacar la mierda
a la superficie, el olor es nauseabundo; cierto es que entre los que la sacan,
más de uno pone su poquito de estiércol en la montaña. Pero, eso son males
menores, de momento… y sea vendeta, traición, chivateo o pasar al cobro los cheques
antiguos, bienvenido sea.
Ahora solo espero que cada palo aguante su vela. Que no nos
salgan jueces ineptos o, peor aún, cobardes o vendidos. Que la policía y la
Guardia Civil no reciba contraórdenes; que los fiscales se dejen de
asociaciones a las que pertenecer y se dediquen a trabajar duro; que los
inspectores de hacienda sigan siendo investigando; que los tribunales de
cuentas se pongan a la tarea de una vez. Y que, cuando quede demostrado y bien
claro, que el que la tenga que pagar lo haga hasta la última peseta y hasta el
último día de cárcel. Sin excpeción.
Por fin, de una puñetera vez, los que han sido más “listos”,
los que han sido más sinvergüenzas, los que se han creído intocables, los que
siempre han actuado impunemente, los engreídos, los avariciosos, los que han
creado redes de corrupción personales u orgánicas, los que, en palabras del
gran Juan Pablo II, han establecido tantas estructuras de pecado, todos ellos,
cuando menos, están temblando. Si en verdad, cada uno paga lo suyo de acuerdo
con la ley y con la justicia, esta terrible crisis, que ha hecho aflorar toda
esta mierda, que ha obligado a ponerse en marcha, no habrá sido un sufrimiento
inútil.
Cada mochuelo a su olivo, sea el que sea y sea quien sea. Y,
a partir de ahora, que cada cual se tiente la ropa antes de hacer una golfada.
Felices sueños.
Argako urretxindorra
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