martes, 10 de julio de 2012

Riau riau 2012: ¿incidentes? ¡Qué va! Boicot violento.


El «Riau Riau» es el nombre popular con el que se conoce el acto cívico-religioso que se lleva a cabo la víspera de la festividad de San Fermín en Pamplona. Las Vísperas tienen lugar en la Iglesia de San Lorenzo, donde se encuentra la Capilla de San Fermín. La Corporación Municipal, con toda solemnidad, se acerca hasta la Capilla, a la celebración religiosa, que nace en 1599 como consecuencia de un voto que realiza la Ciudad de Pamplona al Santo por su intercesión en la epidemia de peste bubónica que sufrió la población a finales del siglo XVI. La «procesión» de la Corporación y la banda de música desde la Casa Consistorial hasta la Iglesia de San Lorenzo es lo que se ha venido a llamar el Riau Riau.

Con el paso de los siglos, naturalmente, se han ido adquiriendo costumbres y se han realizado cambios en esta Marcha a Vísperas, la denominación real del Riau Riau. Durante muchos años, la población era básicamente espectadora alegre de este acto. Pero ya a mediados del siglo XIX, la participación de los vecinos se va haciendo más activa, acompañando al alcalde y concejales en el trayecto. Es evidente que el acto, que no es una procesión religiosa, tiene unas características particulares teniendo en cuenta el carácter de las gentes de Pamplona y la alegría desbordada de que hacen gala en las Fiestas de San Fermín. Hay constancia de que la música que interpreta La Pamplonesa, la banda municipal, se lleva a cabo desde la década de 1880. El famoso «Vals de Astráin», obra del músico pamplonés Miguel Astráin Remón, que en realidad se titula «La Alegría de San Fermín», no tenía letra en origen. La letra fue encargo posterior a Mª Luisa Ugalde. 

Hay un aspecto de las Fiestas de San Fermín que viene bien a colación. Como he dicho antes, la idiosincrasia de los pamploneses se observa en el modo de celebrar. Digamos que «se suelta la melena» en esos momentos. Es alegre, llena de buen humor con continuos dobles sentidos, muy amistosa, compartida con cualquiera, cantarina y muy emotiva. Al propio tiempo, las gentes de Pamplona son, en general, «peleonas». Todo esto lo comento para que se entienda un aspecto concreto: las fiestas de San Fermín son en la calle día y noche. Con ese humor de dobles sentidos que se gasta por estos lares, y lo «peleones» que son los pamploneses, ni que decir tiene que la crítica social se ha hecho presente durante las fiestas como una costumbre más. Y no es algo que venga de hace pocos años.

Teniendo en cuenta el contexto histórico y social de cada momento, el grito de «Riau Riau» con el que se finaliza cada frase del Vals de Astráin fue un hecho de bastante trascendencia cuando apareció. Y obró sus consecuencias. Este final de frase no está escrito en la partitura. Al parecer, es cosa de Don Ignacio Baleztena Ascárate en sus tiempos mozos, allá por 1911. Don Ignacio, personaje importantísimo en la historia de Pamplona del siglo XX, es, entre otras muchísimas cosas, el fundador de la primera peña, cuyo origen fue un grupo de amigos que se reunían en el Café Kutz de la Plaza del Castillo y que debían ser de aupa: se llamaban a sí mismos los mutilzarras del Kutz («mutilzarra» viene significar «mozo viejo»). 

Hombre con un sentido del humor excepcional y con ocurrencias increíbles, según él mismo contaba, decidió gritar «Riau Riau» tras finalizar la interpretación de la banda, que dirigía su gran amigo el maestro Cervantes, como manifestación de agrado. Al continuar con las repeticiones, se apercibió de que sus compañeros de la peña de mutilzarras se unieron al grito y empezaron a tararear el propio vals. Entre la corporación y las «gentes sesudas», como él las llamaba, el disgusto fue mayúsculo por la falta de respeto que, según ellos, tal «berrido» suponía. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los Baleztena eran una familia profundamente carlista y que, en ese momento, el ayuntamiento de Pamplona era liberal. ¿Lo hizo por molestar? ¿Fue una euforia momentánea e inocente? Él afirma lo segundo pero conociéndole… El caso es que los bandos del alcalde y las multas se sucedieron a partir de este momento.

Lo gracioso del tema es que Don Ignacio Baleztena fue elegido como concejal del Ayuntamiento de Pamplona pocos años después. Y su primera Marcha a Vísperas, desde el otro lado, el de la Corporación, tuvo lugar en 1918. Antes, el bueno de Ignacio, que no podía estar quieto, hizo unas coplillas para que se cantaran con la música de Astráin, lo que le valió algún que otro disgusto a él y a sus amigos. Las transcribo, según las recoge su hijo, Javier Baleztena Abarrategui: 

COPLAS DEL RIAU-RIAU
Qué majos y qué elegantes
marchan nuestros concejales
precedidos de gigantes
gaitas, chistus y timbales.
Os recomiendo de veras
que tengáis mucho cuidau
de que no os multe Lasheras
por gritar fuerte Riau-riau.

Esos tubos relucientes
y esos fraques tan planchaus
al verlos dicen las gentes
¡Rediez lo que habrán costau!
Ni en París ni en los Madriles
ni en San Luis de Potosí
se encuentran unos ediles
más majos que los de aquí.

Lasheras era el Jefe de la Policía Municipal. Como indicaba antes, Ignacio Baleztena sale elegido concejal del ayuntamiento y en los sanfermines de 1918 le toca «desfilar» con el «frac bien planchau». El alcalde, familiar suyo, Don Javier Arraiza Baleztena, lanza un bando lleno de prohibiciones y amenazas, que Ignacio Baleztena se encarga de comentar poco después de finalizar las fiestas: «Siguen otras disposiciones por el estilo, acogidas favorablemente por la gente sesuda y que provocaron el enfado de los carentes de tal madurez de juicio. Este bando y disposiciones tomadas con imprudente rigor dieron ocasión a la gran pita con que el pueblo soberano obsequió al alcalde cuando hizo su aparición en el palco presidencial de la Plaza de Toros.» El asunto del Riau Riau, antes que arreglarse, se iba embrollando.

Como decía, antes, la crítica social siempre ha tenido un hueco en las fiestas, incluida, por supuesto, la época de Franco, sin que por ello hubiese altercados de consideración. Pero hete aquí que aparece la ruptura política en Navarra.

Con anterioridad a 1975, las cosas ya estaban enrarecidas en general. Y en Pamplona, la efervescencia política era aun superior. Por supuesto, la celebración de las fiestas fue tomada al asalto para hacer de ellas una reivindicación política de carácter mucho más duro y enfrentado. Como consecuencia de todo ello, se producen los terribles sucesos de 1978, en los que muere por disparo Germán Rodríguez, militante del LKI. Estos sucesos obligaron a suspender las fiestas.

Lo cierto es que la tensión política se fue radicalizando y fruto de todo ello fueron múltiples incidentes que afectaban profundamente a las fiestas y al resto de la vida cotidiana en Pamplona. En todo caso, se produce una fractura social entre las gentes de Navarra con tres bandos profundamente enfrentados: los navarros no nacionalistas, los nacionalistas en sus diferentes versiones, y los tibios, ni fu ni fa. Esta fractura, inexistente en el País Vasco, supone un ingrediente de especial importancia para entender los incidentes del Riau Riau de este año.

Al contrario de lo que sucede, como decía, en el País Vasco, donde la inmensa mayoría de la sociedad o es nacionalista o se calla, en Navarra, y concretamente en Pamplona, la sociedad se enfrenta entre sí. Esto explica la decisión del alcalde de suspender la celebración del Riau Riau:  teniendo en cuenta cómo se viven, teniendo en cuenta el enfrentamiento social existente, que enseguida pasa a las manos, y la circunstancia del llenazo absoluto que registraba la Plaza del Ayuntamiento en la que había todo tipo de gentes, ancianos, niños, extranjeros, etc., en sanfermines, tratar de haber continuado con la Marcha a Vísperas podía haber estallado como un polvorín, cosa más que probable conociendo a mis paisanos.

Pero no es cierto que la causa de la suspensión hayan sido «las peleas» como se ha publicado, dejando el asunto como si fuese cosa de borrachos en una discoteca. En absoluto. La causa está en la organización previa, y conocida por todos los habitantes de Pamplona, por parte de la izquierda abetzale del boicot al Riau Riau. La cosa es muy simple.

El nuevo alcalde de Pamplona, Enrique Maya, de UPN, había decidido retomar oficialmente el Riau Riau, que llevaba suspendido desde 1996, por la imposición física y violenta de los abertzales. El Ayuntamiento de Pamplona decidió incluirlo en el programa de fiestas con los votos a favor de UPN y PP; la abstención cobarde del PSOE (los «tibios»); la abstención interesada de NaBai (que les tocó tirar el Chupinazo este año); y el voto en contra de Bildu. Con esto ya se sabía qué iba a pasar. Tanto es así que buena parte de la gente de Pamplona, insisto, en ese verdadero enfrentamiento físico existente, se apuntó a acudir a la Plaza del Ayuntamiento para defender, como hiciera falta, la costumbre, la tradición y su libertad contra la violencia y la imposición de los abertzales.

En efecto, los puños salen al aire rápidamente. Los abertzales iniciaron sus maniobras de aproximación al cordón policial. Si se sabe organizar, y a estos pájaros les sobra experiencia, el movimiento de varios grupos poco numerosos entre la masa de gente es bastante sencillo. El problema lo encontraron –aunque no tengo la más mínima duda de que lo tenían previsto- en que había bastante gente dispuesta a impedírselo. Y ahí es cuando se armó la marimorena.

A pesar de la barahúnda, los unos y los otros son fácilmente identificables en las imágenes existentes. Pero el hecho es que, en tales circunstancias, lo único prudente era que la Corporación se retirara y se suspendiese la Marcha a Vísperas. Ciertamente, y una vez más, los sinvergüenzas han conseguido lo que se proponen. Pero es importante, a mi juicio, ser conscientes de cuál es el contexto y de cómo se producen los hechos.

1.       Una buena parte de la sociedad pamplonesa se sigue defendiendo con uñas y dientes, con manotazos y puñetazos, de las imposiciones de los bastardos. No se piense que esta sociedad navarra y la vasca son equiparables en este terreno.

2.       En las circunstancias reales en las que se celebra el Riau Riau, con multitud de personas pacíficas, con familias, con niños; con un recorrido por calles muy estrechas; con la necesidad de proteger a una banda de músicos bastante numerosa que no pueden avanzar y que, sin quererlo, se convierten en un «tapón» para el resto; con todo ello, cuatro o cinco grupos de cincuenta tiparracos están en ventaja: es bastante sencillo, en esas condiciones, retener toda la comitiva.

3.       En esas mismas circunstancias, una actuación policial más contundente, no tiene sentido. Téngase en cuenta que una aglomeración de personas semejante en un recinto más bien pequeño, rodeado de calles estrechas y callejuelas, personas en su inmensa mayoría «inocentes», no puede disolverse policialmente.

4.       Abundando en lo anterior, hay que tener muy claro que no todo lo posible es lo aconsejable. Si el alcalde hubiese optado por una intervención policial antidisturbios, las consecuencias inmediatas habrían sido desastrosas. Y esa era, básicamente, la pretensión de los etarras. El mal menor fue la suspensión. Su verdadero triunfo, como tantas veces, habría sido provocar el caos.

5.       Pero no les ha salido barato. En lo personal, se llevaron lo suyo en el momento muchos de ellos. Y más allá, Mikel Aúza, el melenudo profesor de instituto y repartidor de mamporros con sus brazos tatuados, ya fue detenido al día siguiente –tiene antecedentes el jicho, claro; es un «pofesional» de la violencia-. Y ahora queda en manos de la justicia que, espero, actúe responsablemente y con mano muy dura.

6.       No es el único. Tengo noticias de que en las últimas horas se ha detenido a otro jicholis de estos. Y sé que ya han identificado a unos cuantos más… «a por ellos, oé, a por ellos, oé; a por ellos, oé, a por ellos eoeeeeé».
 
Arga-ko urretxindorra

viernes, 6 de julio de 2012

Cartas sobre los malos directivos (I)


Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Siguiendo a C. S. Lewis -que perdone la desfachatez- creo que es un estilo apropiado el de las cartas, el epistolar, para abordar los vicios de una mala dirección, de un mal gobierno. He preferido, en vez de aconsejar positivamente a mi joven amigo Carlos, ponerme en el otro lado de la barrera: cómo se ven las hazañas directivas desde el punto de vista de quien las sufre. Quizá eso le ayude a "visualizar" los efectos de sus decisiones. En definitiva, pura ficción.


Querido Carlos:

¡Qué alegría saber de ti! Sinceramente, te confieso que no te esperaba. Me alegro profundamente de tu ascenso. Creo que en eso, han acertado nuestros jefes, bueno, tus jefes. ¡Quién mejor para ocupar el que fue mi despacho! Me alegro, Carlos, de verdad.

Para mí, es un honor poder servirte de algo. Especialmente ahora que tengo tanto tiempo para desperdiciar. No creo que sea capaz de cumplir tus expectativas, la verdad, pero de fracasos y errores sé bastante. A casi todo le podemos dar la vuelta. Así que, en vez de darte consejos, cosa de la que no me siento capaz, te daré mi visión de los errores que he cometido como jefe. No es positivo pero puede ser útil.

¡Cómo pasa la vida! ¡Cuántos nos han dejado, de una u otra manera!

Llevo tres meses de júbilo –de jubilación, quiero decir- y me parece una década. No me hallo sin trabajar. La vida pasa sin remedio, sin posibilidad de vuelta atrás. Tal como llega, desaparece. Solo queda la historia, lo que hicimos. Pero eso ya no se toca, ya no se mueve.

Los cristianos tenemos, de todos modos, una especie de pequeña máquina del tiempo, Carlos. En lo que al pasado se refiere, nos queda la petición de perdón y el arrepentimiento. Es, en cierto modo, una manera de reconstruir parte de nuestra historia personal. Pero nunca he llegado a comprender hasta dónde llega la reparación, qué alcance tiene para los demás el arrepentimiento y el perdón sobre las heridas que les hemos infligido. Nos confesamos, el sacramento de la alegría, de la reconciliación, de la paz interior… 

Algunos nos acusan de que no tiene ningún valor; de que es una especie de componenda entre Dios y yo con la que alejar los remordimientos. Claro que, quienes dicen eso no entienden nada ni creen en la existencia de Dios. Pero, en pequeñísima medida, siempre me ha sucedido que, ante determinados actos míos, pecados que cometemos a partir del cuarto, que atañen no solo a Dios sino a nuestros hermanos, la reparación, la virtud de la justicia, no ha quedado satisfecha.

Supongo que en esas situaciones, tan desgraciadamente repetidas en nuestra vida, se puede acudir a Santa Teresa: «Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda; / la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta; / solo Dios basta.»

Pero creo que quien se consuele de este modo es especialmente malvado, Carlos. Porque Santa Teresa se refiere a que no nos turbe el mundo, la vida, el demonio, la maldad… Pero no quiere decir que no nos turbemos por nuestras propias acciones, por nuestros propios pecados… En definitiva, Carlos, vengo a referirme a que sin reparación verdadera no hay justicia verdadera; y sin ella, no puede haber paz ni verdadero perdón. Creo que parte del Juicio personal tiene que ver precisamente con esto: cuántas veces te has conformado con pasar por el confesonario y te has ido “en paz” sin tener que estarlo.

Bueno, disculpa estas reflexiones, que son torpe fruto del exceso de tiempo libre. ¿Sabes? Con el paso del tiempo, va despareciendo lo accidental y uno ve con más claridad. Las pasiones, la aparición en catarata de los sentimientos primeros, dan paso a las situaciones más estables, más arraigadas, más profundas. Desde que me prejubilaron, por lo que a mí se refiere, Carlos, todo aquello va dando paso, como cuando se levanta la niebla, a una realidad interior digamos… dolorosa. Se despeja la rabia, se evapora la ira, desaparecen los impulsos… y me doy cuenta de que debajo de todo ello hay una profunda humillación y una tremenda amargura. Como seguro que entiendes, ninguna de ellas soporta la alegría ni la paz interior. Por el contrario, se afanan en minar mis pensamientos, mi sueño y mi vida, en general.

No hay ofuscación en mis reflexiones; posiblemente equivocadas, pero son claras. No hay apenas sentimientos poderosos que impidan el pensamiento fluido. No. Tampoco tengo paz, como te he dicho, pero sí una terrible calma. Calma que me permite discurrir pero que no mitiga un ápice ni la humillación ni la amargura. ¡Cuántas veces resulta mejor sentir mucho que sentir poco! ¡Cuántas veces es mejor no estar lúcido! ¡Qué agónico es, a veces, ser consciente!

Tengo muchas certezas en lo que a mi nueva situación se refiere. Pero ni las busco ni las quiero. No quiero certezas, quiero la verdad. Pero esta no la tendré nunca… aquí. Las certezas, Carlos, dependen de uno mismo, acertadas o equivocadas. Pero la verdad, no. Y para acercarte un poco a ella, necesitas de otros. Si ellos se niegan a ayudarte, no te queda ninguna posibilidad.

¿Sabes? Nadie es insustituible, salvo para Dios y en el corazón de las personas que realmente nos aman, que suelen ser muchas menos de las que nos pensamos. Y, diciendo esto, siempre se nos olvida alguien: también somos insustituibles para nosotros mismos. Y esto, que es tan evidente que no nos acordamos, resulta ser una de las claves de la vida. Dios nos salva a cada uno puesto que somos únicos para Él; pero nunca lo hace sin el «permiso» de cada uno. Dios, para nuestra salvación, cuenta con cada uno de nosotros. Por eso, también somos insustituibles para nosotros mismos. Y esto es algo que me llama la atención profundamente. Me lleva a preguntarme si, en mis cincuenta y ocho años, he hecho cosas que han provocado que otros se sientan prescindibles en algún momento de su vida. Y repaso de vez en cuando mi lista y encuentro que sí, que lo he hecho. Me cuesta aceptar que no puedo justificarlo.

Una parte de mi humillación es debilidad mía, soberbia, orgullo mal nacido. Esa es la parte esperanzadora, porque es justa: la humildad que no puse en práctica merece de la humillación como consecuencia necesaria. Cuando sea más humilde, Dios lo quiera, desaparecerá. Y no pierdo la confianza.

Otra parte de mi humillación tiene que ver con el hacer de terceras personas. Y atiende a esto, Carlos, que te puede dar luces. En este último año y medio he sido testigo -y sufridor- de las pequeñas miserias humanas; pequeñas y poderosas en su daño. Esas miserias son fundamentalmente silencios, mentiras, verdades a medias, cobardías, pequeñas traiciones, premeditaciones, engaños, suposiciones, pereza, irresponsabilidades… Como ves, nada espectacular, querido Carlos… pero devastador en fin.

¡Oh, Carlos! De nuevo he pasado a hablarte de mí. Perdóname. No lo voy a hacer más. En realidad, me he aprovechado de tu carta para poder descargarme en alguien. Pero ya se acabó. ¡Fin de la historia!

Si te parece bien, mi joven amigo, te seguiré escribiendo cartas sobre los daños de una mala dirección. Espero que, en tu nueva y brillante situación, puedan servirte para sacar adelante lo mejor posible tu tarea. Pero ya sabes que esto es gratis, amigo mío. Son solo visiones de viejo con demasiado tiempo libre. Así que puedes mandar lo que no te sea útil a la papelera de reciclaje. Es el mejor sitio para ellas.

Sé bueno cuando puedas, Carlos.

Un abrazo,



Argako urretxindorra



miércoles, 13 de junio de 2012

"A España no la va a conocer ni la madre que la parió.”

(Sirva esta entradilla de pequeño desahogo satírico. Por no liarnos a mamporros, más que nada).

Hay personajes que tienen una facilidad especial para regalar a la posteridad frases lapidarias: Alfonso Guerra, por ejemplo.

Allá por 1982, en un mitin en Jerez de la Frontera, dejó aquella de “No descansaré hasta conseguir que el médico lleve alpargatas.” Pobres, creo que andan con ellas ya. O esa otra, en 1985, cuando él y sus correligionarios se cepillaron la independencia judicial: “Montesquieu ha muerto.” ¿Y qué tal esa otra, ya en 2006 –el año tiene su aquel- de "La derecha siempre ha querido un Estado residual para que los grandes grupos económicos puedan campar por sus fueros y que el Estado no pueda hacer nada." Menos mal que estaba él y sus compañeros para evitarlo, tras dieciséis años en el gobierno… ¿O no lo evitaron? ¿A ver si va a ser que…? Ay, Señor, que tengo la impresión de que…

Pero mi frase (“su” frase) preferida es: “El día que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió.” Es la “rechandión”, como decía mi amigo José Luis. ¡Genial!

Pues ha habido dos días en los que los socialistas se han ido del Gobierno de España. Bueno, que los han sacado de él los votantes. Uno, en 1996, allá por marzo. El otro, en 2011, a finales de noviembre. No ha habido más. Desde que fueron elegidos por primera vez, en el 82, se han tirado en el gobierno 21 años de 30. Y no me digan que don Alfonso –es que ya es un señor mayor- no sabía de qué hablaba. La madre que parió a España, sea quien sea, ni la conoce ni creo que quiera reconocerla. Y es comprensible: al margen de la desnaturalización materno filial que implica, cualquiera admite como hija a esta España sin morirse de la vergüenza.

Supongo que el señor Guerra, en la parte alícuota que le corresponde, que es muchísima, debe estar encantado. La transformación que auguraba se ha cumplido a rajatabla. Y como él fue uno de los próceres de la patria más activo y que con más ahínco se ocupó del gobierno de este –“nuestro”- país, la satisfacción debe embargarle al ver a la hija de la madre que la parió irreconocible .

En lo que se refiere a contenido de chulos, chorizos, ladrones, imbéciles, aprovechaos, listos, prepotentes, chupópteros, descarados, trafulqueros, fulleros, mentirosos, caraduras, sinvergüenzas, inútiles, ineptos, chanchulleros, puteros, drogueros, vividores y demás dechados de perfección, no sé qué partido tiene más cantidad, de todos los que integran el político patio patrio, incluidos los que no lo integran porque no pueden pero que querrían integrarlo, por supuesto. (Nota: todo este párrafo debe leerse de carrerilla para que tenga el efecto buscado).

Pero no tengo muchas dudas sobre la responsabilidad a repartir entre unos y otros por lo que a la transformación de este –“nuestro”- país se refiere. El Partido Socialista Obrero Español –ejem, sabrán disculparme el pequeño atragantamiento- se lleva la palma. Por dos razones: porque desde que nos advino la sacrosanta democracia, se han pasado en el gobierno –obsérvese qué sutilmente he evitado el gerundio, “gobernando”- el 70% del tiempo. Y porque los compañeros del puño y la rosa (Oh tempos! Oh mores!), se han dedicado en cuerpo y alma, como nadie lo ha hecho, al trabajo de hacer irreconocible a la pobre hija ante su pobre madre.

Bien… Ahí tenemos los resultados. La ovación gorda para los socialistas, que son quienes realmente la merecen. A los demás, unos aplausos, nada más les corresponde.

¡Ah, bueno! Que si no les gustan los resultados, voten, voten cuando les toque. Y hasta entonces, boten, boten, que no pueden hacer otra cosa.

Post data: hacerse quincemero e irse a la Puerta del Sol a echar unos ratos, no vale. Eso es  convertirse en uno de los que no integran el político patio patrio porque no pueden pero que estarían encantados de integrarlo… por supuesto.




Arga-ko urretxindorra
 

sábado, 26 de mayo de 2012

¿El Himno? Unos pinganillos, hombre.

Advertencia previa: esta entradilla es una mera ironía y, como tal, debería leerse. Salvo la última frase, que ni siquiera es una pregunta retórica. Me lo pregunto... "en serio".

A ver, díganme qué piensan de esto. He leído en algún sitio que, para lo del Himno en la Final de la Copa del Rey, habían alquilado una supermegafonía de 100.000 watios. Yo no sé cómo es un watio pero, a bote pronto, cien mil, puestos uno detrás de otro, suena a una fila enorme.

Con eso, digo yo, pretendían que se oyese bien el Himno, por encima del abucheo y del pitorreo que, se sabía, iba a producirse. Lo que se dice, convertir en previsto lo previsible.

Esto de los watios de potencia sónica debe ser asunto complejo y de tener estudios de alto copete. Así que los “técnicos” han debido hacer sus cálculos y llegar a la conclusión: 100.000, como los Hijos de San Luis, serán suficientes.

Dios me libre de entrar yo en estas cosas, de las que no tengo ni la más remota idea. Pero, cuando leí el asunto, así, de andar por casa, pensé: “¡Qué barbaridad!”.

Cogí un lápiz que había en el cajón, y en un sobre que me había mandado el banco, garabateé: “100,000, por un lado. Por el otro, 20.000 seguidores del Barça y 40.000 del Bilbao. A un watio de pitido de cada catalán y a dos por cada bilbaíno, que para eso son de Bilbao, total otros 100.000. Empate.” Y, en mi ignorancia, me quedé sin conclusión útil. “Una de dos, o esto de los watios se suma, y tenemos un cisco de 200.000 watios, o se resta y entonces tenemos el silencio total. No sé cuál será la fórmula.  En cualquier caso, el Himno no se va a oír”, elucubraba yo.

Ahora, a toro pasado, sigo sin saber lo que es un watio; pero me ha quedado claro que 40.000 vascos y 20.000 catalanes juntos, al silbo, emiten con más de 100.000 watios de potencia. Y, digo, por decir, ¿los “técnicos” se liaron con las fórmulas?

Yo creo que tenían que haber hecho al revés. Tenían que haber comprado un par de docenas de pinganillos, de esos de Renfe, que son baratillos; habérselos entregado cortésmente a Su Alteza, a la Vicepresidenta, a los lendacaris, a los molthonorables y demás personajes de palco; y haber hecho sonar el Himno a 20 o 25 watios, solo para ellos y para los telespectadores que quisieran. Con un poco de suerte, los “barras bravas” apolíticos y sumamente deportivos de las gradas no se habrían dado cuenta. Y ni pitos ni flautas. Todo lo más tres o cuatro silbidos de algún molthonorable o de algún lendacari que, sin el contexto del Himno, no se sabría muy bien si iban dirigidos a las azafatas del palco o iban como una cuba, cosa comprensible en tan magno acontecimiento.

Eso sí: yo, educadamente, después diría por megafonía algo así como “Señoras y señores espectadores: aaahh, se siente, ya ha pasado el Himno.” No por joder, sino para que el árbitro se enterase de que podía iniciar el encuentro.

Lo peor que podía pasar es que hubiese fallado la estrategia, es decir, lo mismito que ha pasado en realidad. Pero te ahorras una pasta en alquiler de equipos de sonido, que tal y como están las cosas…

Con perdón, pero ¿estamos tontos, o qué?

Arga-ko urretxindorra

jueves, 24 de mayo de 2012

La Final de la Copa del Rey… 2011, y don Andoni Ortúzar Arruabarrena.

Andoni Ortúzar Arruabarrena se tituló como periodista en la Universidad del País Vasco. Trabajó algo en Radio Popular de Bilbao y, pronto, ingresó en la redacción de Deia, el periódico oficialista del PNV. Además de periodista, dedicó su tiempo a la política, en la rama sindicalista. Ya se sabe que aquí, en España, el sindicalismo es una rama política; por cierto, bastante lucrativa y provechosa para quien apunte maneras. Como miembro del sindicato Euskal Langileen Alkartasuna, más conocido por sus siglas en vasco y español, ELA-STV, y que, naturalmente, es el sindicato oficialista del PNV (ya les decía, una rama de la política provechosa para los listos), llegó a presidente del comité de empresa de Deia. Todo queda en casa.

La historia le dio a Ortúzar para vivir hasta 1987. Ese año, abandonó el periódico. ¿Por qué? Porque consiguió otro trabajo, naturalmente. Fue nombrado asesor (qué magnífico invento este de los asesores) del Departamento de Presidencia, Justicia y Desarrollo del Gobierno Vasco. Naturalmente, el partido gobernante era el PNV. Que si hacemos cuentas ha estado gobernando desde 1979 hasta 2009. 30 años en los que bien se puede establecer una especie de red clientelar de difusas fronteras e indefinidos límites entre Partido, Sindicato, medio(s) de comunicación, asesores del Partido o del Sindicato para el gobierno, directores de agencias institucionales o públicas, empresas públicas… El Partido y el Sindicato, en 30 años, se convierten en magníficos semilleros de cargos públicos de todo tipo. Y en atractivas ETT –bueno , quizá la última T habría que cambiarla por CE, casi eterno- a las que los jóvenes vascos se afilian para asegurarse la carrera profesional sin más competencia social que las zancadillas internas propias de todo partido y sindicato que se precie.

Volviendo a Andoni, continuó con la expansión de su carrera. El de Sanfuentes obtuvo un nuevo nombramiento en 1991, también de asesor. Esta vez en la Secretaría de la Presidencia y, de ahí, a la entonces recién creada Secretaría General de Acción Exterior, que suena un poco arcaico y como clandestinillo,  pero que es un órgano oficial del Gobierno Vasco. Y continuó Ortúzar. En el 92, nuevo cargo: Coordinador de la Secretaría. Hay que reconocer la capacidad de adaptación de este hombre, al que cambian de puesto cada nada, y el tío se hace a todo. Ahora, ya no es asesor. Ya tiene puesto de miembro. En concreto, es el responsable directo del Gobierno Vasco en la preparación de las misiones institucionales en el exterior y de las visitas oficiales de mandatarios y personalidades al País Vasco.

En 1995 deja de ser coordinador para ocupar el puesto de su antiguo jefe: Secretario General de Acción Exterior del Gobierno Vasco, con dependencia directa del lehendakari. Había dejado Deia ocho años antes; lo digo para tener un referencia en esta locura de ascensos. Del 95 al 99, tres cargos más, que no escribo porque son larguísimos y rimbombantes hasta no poder más.

En 1999, Andoni es nombrado, por fin, nada más y nada menos que Director General de EITB, o sea, la radio y la televisión pública vasca. La perfecta simbiosis: el partido da al hombre, el hombre da al partido y así, hasta el infinito. El bueno de Ortúzar Arruabarrena, don Andoni, esta vez se quedó pegado al sillón; el hombre no se movió de él hasta 2008, algo completamente anormal en su carrera. Y salió, básicamente, porque su PNV del alma perdió el Gobierno, o algo así. Y se fue al paro… ¡Que no, que es broma! Fue elegido Presidente del BBB, o sea, del Bizkai Buru Batzar; o sea, el jefazo del PNV en Vizcaya. ¡Qué bonita es la lealtad mutua! El partido da la hombre, el hombre da al partido, el partido da al hombre… Aunque, esto ya lo he dicho antes, ¿no?

Bueno, Andoni vuelve al seno –más bien a la cúspide- del Partido-amatxo ( o aitatxo, porque no sé bien si el PNV debe considerarse como una madre o como un padre).  Y va un día y dice, que es a lo que va todo esto, después de esta pequeña introducción:

“Un partido de fútbol es un partido de fútbol; no convirtamos un campo de fútbol en el Congreso de los Diputados.”  Les suena de qué va esto, ¿no? Lo de la Copa del Rey, exacto. Y dice también el bueno de Andoni:

“Seguramente nadie pitaría al himno español, si antes o después, se pusiera el himno vasco y el catalán porque también tenemos himno, somos países que tenemos himno. ¿Por qué no se toca nuestro himno?"

Dice más cosas, pero son bastante menos inteligentes que estas. Así que no las recojo. ¡Grande, Andoni!

Este buen hijo predilecto del Partido, entregado desinteresadamente a la causa vasca en cuerpo y alma, o no tan desinteresadamente porque lleva viviendo de la causa toda la vida. Pero en cuerpo y alma, sí, entregado. Pues este buen hijo, es uno de esos genios de la estrategia nacionalista. No en vano, es un consumado especialista en lo de “exteriores” por dedicación… de cargos. Y como tal estratega, se sabe de memoria cómo hacer declaraciones públicas en favor de la causa, siempre la causa.

Primero, una frase de estas cortas, ocurrentes (¿?), con rasgos de poner paz y equidistante, siempre, medidamente equidistante.

Y después, el característico comentario nacionalista profundo, que tiene unas notas definidas:

a)    Siempre victimista.
b)    Siempre dejando entrever la injusticia del país opresor (“… porque también tenemos himno").
c)    Siempre anunciando el “derecho” que se les va a conculcar (“¿Por qué no se toca nuestro himno?”)
d)    Siempre dejando la afirmación soberanista (“Somos países que tenemos himno.”)
e)    Y siempre, dejando el puntito de chantaje o de amenaza, según convenga (“Seguramente, nadie pitaría al himno español si…”).

Siempre es lo mismo, no se piensen. Les aseguro que si analizan cualquier declaración nacionalista desde el prisma de estas cinco características, les salen las cinco. Lo que pasa que no merece la pena hacerlo porque es bastante aburrido. Lo único, eso sí, es que sabiendo esta recetilla uno deja de dar importancia al 99% de las baladronadas con que nos hastían día sí y día también; y con ello se ahorra tiempo y disgustillos tontos.

Arga-ko urretxindorra

miércoles, 23 de mayo de 2012

La final de la Copa del Rey… 2011

¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Maravilloso! ¡Genial! ¡Épico! ¡Se armó la gorda… otra vez!

Podrán decir lo que quieran pero es innegable. Lo llevan en los genes. Lo llevan en la sangre. Es su naturaleza. Me refiero a mis entrañables independentistas: son la quintaesencia del español. Ese entrar al capote al mejor estilo miura; ese cabreo súbito y explosivo; ese llenarse la boca de epítetos; esa reacción en tromba; esas explosiones de mal humor encadenadas; ese decir lo uno y su contrario al mismo tiempo; esa dignidad ultrajada; esa muestra pública del honor mancillado; ese “todos a una”; esa incontinencia torrencial… ¡Ah, tan castizamente español todo ello! ¡Tan provincianamente español! ¡Tan deliciosamente español!

¡Qué reacciones, señores, qué reacciones!

Y me pregunto yo alguna cosilla. Eso de la libertad de expresión, ¿existe o no existe? O, ¿existe según para quién y para quién no? O, ¿los que sí pueden ejercer su libertad de expresión son los encargados por los dioses de decidir quiénes no pueden ejercerla? O sea, Esperanza Aguirre: ¿tiene derecho a opinar o no lo tiene? ¿Tiene libertad de expresión o no?

También me pregunto: ¿por qué la opinión de Esperanza Aguirre es politizar el fútbol? Mi cortedad es evidente porque no lo entiendo. ¿No es politizar el fútbol lo que han dicho otros políticos al hilo de su opinión? ¿Por qué lo de ella sí y lo de estos no? ¿Por qué no se han empleado, políticos y periodistas dolidos por la opinión de la Espe, con el mismo argumento y la misma contundencia contra la campaña de politización de esta Final organizada (la campaña, no la Final) por Catalunya Acciò (que ya lo hizo en 2009)? ¿Santiago Espot no está politizando el partidito de marras y Aguirre sí?

¿No es politizar el fútbol la que ha organizado Amaiur en el Congreso, recibiendo a los cinco representantes de las plataformas independentistas pro-selecciones de Cataluña, País Vasco y Galicia con motivo de esta Final? ¿No es politizarlo que diputados de CiU, BNG, ICV, ERC y Bildu se sumen presencialmente a este hecho y lo apoyen sin reservas? Me da muchísima vergüenza no ser capaz de entender algo así, con lo fácil que parece ser para los demás.

La verdad es que todo resulta tan evidentemente asqueroso, así que no hace falta seguir.

No puedo evitar recordar al viejo Eric Arthur Blair, aquel socialista miembro del Partido Laborista Independiente, alistado en las milicias del POUM durante la Guerra Civil y admirador de la CNT; aquel indigente que sobrevivía a duras penas en las miserables calles de París y Londres, como describió en su Down and out in Paris and London; aquel hombre que, trabajando para el Servicio Oriental de la BBC durante la Segunda Guerra Mundial , se sentía como “una naranja que ha sido pisoteada por una bota muy sucia” y se marchó para ponerse a escribir en el semanal de izquierdas Tribune. No puedo evitar recordar, una vez más, al hilo de lo que sucede 65 años después, su síntesis brutal:  "All animals are equal, but some animals are more equal than others" (“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros").

Arga-ko urretxindorra

martes, 15 de mayo de 2012

La crisis

El término crisis llega al español a través del latín pero su origen es griego (sin sarcasmos). El vocablo krisis, a su vez, procede del verbo krinein con idea de «separar» o «romper» para analizar, para estudiar, para decidir, para tener un mejor juicio. De ahí términos como crítica que, en puridad, se refiere al estudio y análisis para emitir un juicio; o criterio, que es un juicio adecuado.

No se debe dejar de lado la etimología a la hora de reflexionar sobre las palabras, sus significados y sus acepciones. Y, sobre todo, cuando se quiere encontrar el sentido del uso actual de un vocablo. Y a ello me vengo a referir: la crisis.

Salvo algunas interjecciones y exclamaciones, que en su cantidad de uso tienen mucho que ver con el estado de ánimo, la palabra crisis es, probablemente, el sustantivo más usado o, cuando menos, el más popular de un tiempo a esta parte.

Lo cierto es que el significado que ha adquirido el término se ha restringido notablemente y, a un tiempo, se ha hecho profundamente peyorativo o, más exactamente, negativo.

En realidad, la acepción más interesante para mí es la de «cambio». Y «cambio» sin sentido negativo, necesariamente. En mi opinión una crisis es un cambio, un cambio que tiene una serie de notas o peculiaridades.

-    Es un cambio brusco. Es súbito, rápido.
-    Es un cambio no buscado. Se produce de manera quasi espontánea, per se, sin que nadie lo haya buscado. Sus causas no están en la voluntariedad sino, más bien, en su contrario.
-    Es un cambio no querido. No solo es que no se busque: es que no se desea que suceda. Se produce, precisamente, cuando la voluntad general es la de que no aparezca.
-    Es un cambio agresivo, en el sentido de que no se “para en barras”, en el sentido de que no tiene en cuenta qué se lleva por delante ni el coste que tal cambio pueda suponer.
-    Es un cambio regenerador a marchas forzadas. Tiene un cierto sentido catártico.
-    Es un cambio natural, de manera que obvia los deseos o lo intereses artificiales (humanos): se rige por esas últimas leyes que no puede manejar el hombre a su antojo.
-    Es un cambio inevitable. No hay nada que pueda impedirlo. Sucede y solo queda someterse a él de manera inteligente y libre porque las leyes de la crisis están, como he dicho, por encima de las posibilidades del hombre.

Cada una de estas características bien merece una profunda reflexión. Pero no es el lugar para ello. Sí diré que esta crisis nuestra actual es de mayor magnitud que lo que somos capaces de apreciar y que no es, por mucho que se insista en ello, una crisis meramente económica. No importa que ese sea el calificativo con que tratamos de especificarla: la crisis es un cambio que funciona por libre y que, además, no se atiene a un solo aspecto o a un solo ámbito. La crisis, definitivamente, es un cambio en profundidad y en extensión, con todas sus características propias.

Pero, naturalmente, sí que tiene sus causas la crisis. El ejemplo sería el de la máquina de tren de la película “Los hermanos Marx van al oeste”: “Más maderaaa”. Hasta que la máquina revienta por la presión. Ese es el origen de una crisis, básicamente. Un poco de madera, es necesario. Más madera, es mejor. Muchas veces más madera, te pasaste, amigo: esto explota.

El «estado del bienestar» es una de las falacias más gordas que existen. Aunque reconozco que no sé muy bien en qué consiste porque es una de esas expresiones que utiliza todo el mundo pero que apenas tiene significado, que nos entendemos a tientas con ella, vaya, sí tengo bastante claro que es una expresión al servicio del que la usa en el peor sentido. Básicamente, todos lo entendemos como una especie de paraíso terrenal, incluidos los descreídos. Se trata de algo así como que en determinadas partes del mundo hemos llegado a un desarrollo tal que los afortunados que vivimos en ellas lo hacemos opíparamente. La expresión, por sí sola, es contundente en este sentido: un estado –una dimensión nueva, o algo así- de bien – estar: de estar, de musguear, de existir, pero estupendamente. Es decir, el neoparaíso terrenal. En tal situación, será todo mejor en tanto que todos seamos ricos, nos paguen nuestros derechos, trabajemos poco o nada y vivamos para el ocio –la contraposición de negocio, neg – otium en latín).

Un «estado del bienestar» que se precie es aquel en el que el ciudadano se dedica, básicamente, a ejercer “sus” derechos. El trabajo más productivo, por tanto, consiste en ir agrandando la bolsa de los derechos, es decir, de todo eso que a mí me da la real gana. Un estado, naturalmente, con derechos y sin deberes, como si uno y otro no estuvieran intrínsecamente unidos. Un estado que sea la chacha que no me puedo permitir, que me preste –me los de- todos los servicios que deseo y sin coste adicional. Un estado –situación- en el que pueda hacer lo que me venga en gana sin coste para mí. Y esto, caricaturesco, o sea, basado en hechos reales, es lo que hemos estado haciendo en los últimos 30 años. Cuento un caso real, aunque cambio algunas cosillas para que no me aticen.

En una ciudad del norte de España, un comercial, bastante bueno, se presenta en el despacho de su jefe. En la confianza que da una buena relación laboral, le expone lo siguiente: “Mira, Fernando, te has equivocado conmigo. Y no te lo tomes a mal. Te agradezco la subida de sueldo que me comentaste, pero eso no es lo que quiero. Yo no necesito más dinero. Vivo con mis padres, así que mi sueldo se queda todo para mí. No tengo gastos fijos, Fernando. Tengo el coche que quiero, salgo y entro cuando quiero y no doy explicaciones a nadie. Mi trabajo me gusta, Fernando, y, hablando claro, lo hago bien. Lo que yo vengo a proponerte es que cambies tu oferta económica por tiempo. No quiero más dinero, quiero más tiempo. Tú ya sabes que mi gran pasión es el surf. Y que me pego auténticas palizas, si hace falta, yendo y viniendo de Tarifa en un fin de semana. Algún día me voy a matar en la carretera. Lo que quiero, Fernando, es que no me subas el sueldo pero tener los viernes libres, así el jueves por la tarde ya puedo disponer de lo que queda hasta el lunes”. Insisto en que este es un caso real. Lo escribo porque refleja bien, a mi juicio, parte de la filosofía del «estado del bienestar».

Cuando en un país como el nuestro hemos rechazado trabajos por penosos o meramente incómodos, y ha tenido que venir gente de fuera a hacerlos; cuando en España, un respetable ciudadano pedía una hipoteca para comprarse su chalecito en Santi Petri porque se había convertido, de buenas a primeras, en un golfero o golfista o como se diga; cuando en nuestro país una pareja iba a pedir un préstamo al banco porque tenían un enorme afán aventurero –de hotel de cinco estrellas y un cometa- y querían conocer Tailandia; cuando aquí un tipo ganaba 2.300 euros limpios al mes y se gastaba 2.900 a cuenta de la visa oro; cuando aquí un muchacho empezó a “estudiar”  a los 3 años, tiene ya 29 y sigue estudiando a costa del erario público o del peculio paternal; cuando aquí, quien más quien menos, montaba una S. L. sin tener ni idea pero siendo “mu listo”, y pidiendo una línea de crédito al banco, y poniéndose un sueldo de presidente de Telefónica; cuando aquí hay cientos de miles de caballeros que son “pobres jornaleros del campo” (el señor alcalde de Marinaleda dixit), pero que calculan exactamente el número de peonadas que tienen que realizar para cobrar el PER y no hacen ni una más ni por favor; cuando aquí el señor Guerra dijo que a este país no lo iba a conocer ni la madre que lo parió (dicho y hecho); cuando aquí el candongo de los trajes no se enteraba o no se quería enterar de lo que sucedía en su partido, en sus ayuntamientos, en su Fira y en su propio gobierno; cuando aquí todo el mundo era hijo de rico teniendo padre pobre; cuando aquí se destinaba más dinero a imponer el catalán, el vasco, el gallego, el valenciano, el mallorquí o el bable que a establecer una potente industria; cuando aquí el sistema educativo hace prácticamente imposible que un chaval no saque su título de Graduado en Secundaria; cuando aquí, entre 1982 y 2005 el número de alumnos universitarios creció casi un 50% y el de universidades aumentó más de un 100%, mientras nos cargábamos la FP; cuando aquí un conocido mío fontanero le preguntaba a su mujer cuántos días tenía que trabajar ese mes en función de si se iba a comprar un visón, se iban de viaje a las Mauricio o no había nada especial para ese mes; cuando aquí todo el que se matricula es ya estudiante y, no importa si estudia o no, todos le pagamos su estancia en el instituto o en la facultad o, mejor aún, en el Erasmus; cuando aquí todos tenemos derecho a una vivienda digna pero no el deber de ganárnosla; cuando aquí todos tenemos derecho a un trabajo digno pero no el deber de trabajar duro; cuando aquí algunos tienen derecho a que les corten el mango inferior central con cargo a mis horas de trabajo pero yo no tengo derecho a que los demás me paguen los dientes que se me han caído con el paso de los años y del turrón duro; cuando aquí tenemos profesores universitarios que después de diez años contratados, y pagándolos yo con mis horas de trabajo, no han hecho una sola investigación que mejore a la sociedad; cuando aquí, la «cultura del pelotazo» se convirtió en la aspiración de todo hijo de vecino; cuando aquí los sindicatos han recibido una «deuda histórica»  de millonrd de euros que, en realidad, la he pagado yo con mis horas de trabajo; cuando aquí, después de 30 años trincando, mangando, colocando a los amigos, desviando dinero de todos para el lucro personal y el pueblo, sabio, soberano e infalible, los vuelve a elegir para que sigan otros 4 años más (algunos van a pillar al Dictador); cuando aquí, siempre que salen mal las cosas, se le echa la culpa a otro… entonces aparece la crisis, ese cambio brusco, que nadie quiere, que nadie busca, agresivo, doloroso, profundo, que funciona con otras leyes y que deja las cunetas llenas. Dios perdona siempre; el hombre, a veces; la naturaleza, nunca.

Cada uno de nosotros hemos jugado un papel. Que cada cual eche un vistazo a su parte alícuota de responsabilidad en la aparición de la dichosa crisis. Algo –mucho- tiene que cambiar, por las buenas o por las malas. Eso es una crisis.

Arga-ko urretxindorra

miércoles, 9 de mayo de 2012

Catalonia is not Spain, but it could be.

Hoy ha habido sesión de control al Gobierno de la Generalidad en el Parlamento catalán. Una jaula de grillos, oiga. Tan pronto se liaban con el señor Mas, que se liaban con el Gobierno nacional, que el señor Mas también se liaba contra el Gobierno nacional, que la señora Sánchez Camacho defendía al Gobierno nacional, que al tiempo apoyaba al señor Mas, que Joaquim Nadal, del PSC, la entramaba contra el Gobierno de la Generalidad… Lo dicho, una jaula de grillos. Pero es normal.

    Lo del nacionalismo, sea catalán, vasco o de Tomelloso, lo complica todo por su propia naturaleza. Porque todas las posibilidades que la política ofrece de por sí hay que multiplicarlas por dos. O sea, algo así: yo, que soy nacionalista, te sacudo a ti, que no lo eres. Pero como además soy de izquierdas, le sacudo también al nacionalista de derechas. Por su parte, el nacionalista de derechas también le sacude al que no es nacionalista, pero también al nacionalista de izquierdas. Pero, a veces, se alía con estos últimos para atizarles a los no nacionalistas. Y otras, en cambio, se une a los no nacionalistas de derechas para zumbar a los no nacionalistas de izquierdas y también a los nacionalistas de izquierdas, por ser de izquierdas, en general.

    Bien. Así las cosas, yo me pregunto: ¿existe la más mínima posibilidad de dedicarse, además, a gobernar? Pues no muchas, me temo.

    Un tipo listo, como el señor Mas, trata de hacer algunas cosillas. Pero, claro, todo es un lío. Al pobre hombre le ha tocado ser “presi” en el peor momento, especialmente si eres nacionalista catalán. Porque sucede los siguiente. El hombre gana las elecciones regionales –o autonómicas, como se quiera- desalojando con ello al famoso e infausto –para los catalanes- “tripartito”. Estos señores, como bien han demostrado, dejaron Cataluña, en lo que pudieron, como un verdadero erial. Lo que le ha obligado al señor Mas a ponerse a gobernar, cosa que obviamente, para un nacionalista catalán tiene poca gracia. Lo bueno habría sido lo que le pasó a Pujol, que puedes darte todo el aire que quieras como “molt honorable” y liarte y desliarte con el Gobierno de la Nación, en un continuo tira y afloja victimista, pedigüeño, llorón o sacapecho, según convenga.

    Pero al señor Mas le hicieron polvo sus antecesores. Y, lo peor, sin poder echárselo en cara. Es por aquello de cuando entraron los del “tripartito” a gobernar y el bueno de Maragall se deslizó con lo del tres por ciento y tirar de la manta. Obviamente, enseguida se arrepintió y dejó la manta como estaba. Así, cuando Mas entró al Palau de la Generalitat, tampoco pudo tocar el ajuar, al menos, de puertas para afuera. O es que, quizá, ya no habían dejado ni una manta de la que tirar.

    Hay un cierto grado de desesperación en el señor Mas. Y no es de extrañar. Imagínense: ¡una Cataluña pobre! Pero, ¡cuándo se ha visto tal cosa! Y la desesperación, que me lo tiene requetecomidito por dentro, viene por dos frentes: tener que recuperar la economía, que no sé, no sé; y tener que hacerlo sin que eso afecte a su ego nacionalista. ¡Imposible, my friend!

    Si miramos con un poquitín de tiento, enseguida se ve que uno de los soportes inconfesados de los nacionalismos españoles es el orgullo desabrido o, también denominable como complejo de superioridad. Ellos, magos en el uso perverso del idioma español, lo llaman “diferencia”: “respeto a la diferencia”, “Nosotros somos diferentes”. Pero cambien sustantivos y adjetivos por la familia léxica de “superioridad” y verán cómo les resulta más sincero: “respeto a la «superioridad»”, “Nosotros somos «superiores»”,  o el manoseado “Catalonia is not Spain”, o sea, “Catalonia is not Spain because Catalonia is superior”.

    Pues ahí le duele al amigo Mas. Lo peor, lo intragable, lo intolerable. No solo es que tenga que gobernar en una situación ruinosa, algo para lo que un nacionalista, en términos generales, no está excesivamente entrenado –su vida política ha ido por otros derroteros más sencillos-. Lo peor es admitir la situación. Evidentemente, hay maneras de afrontarla sin tener que pasar por el trago de admitirlo. Veamos: “España nos desangra y se queda con nuestro dinero”. Pues es una buena fórmula. Nosotros, los catalanes, seguimos siendo tan estupendos como siempre; pero España, ese otro país que nos tiene amarrados, nos quita lo que producimos para repartirlo entre ellos, a vagos y maleantes básicamente. Es una fórmula sencilla y eficaz. Y, como esta, hay varias, todas del mismo tenor.

    Así que no hay que asustarse mucho por las bravatas de unos y otros: “Que se acabe de una vez esto de chupar de la ubre catalana” dice Puigcercós. "Cataluña tendrá hacienda propia por la vía del pacto o por propia decisión”, añade Artur Mas. O no, digo yo, que va a ser que no.

    Si un día, otro Felipe II trasladara la corte, esta vez a Barcelona, se habría acabado el nacionalismo catalán: “Catalonia is Spain again, for sure”.

Arga-ko urretxindorra

miércoles, 25 de abril de 2012

La perversión del lenguaje político

Víctor Manuel Arbeloa, dirigente socialista durante mucho tiempo, hombre inteligente y de vastísima cultura, escribió hace unos ocho años un libro titulado Perversiones políticas del lenguaje. El título ya es interesante de por sí… todo lo que sea perversiones adquiere un plus morboso. En él, expone con claridad y cierto sentido del humor, el uso tramposo que del lenguaje se hace en el mundo político. Y deja en evidencia cómo eso torpedea el propio pensamiento y la vida pública y privada.

    Estoy completamente convencido de que el bombardeo constante de información al que nos sometemos hoy en día, más o menos voluntariamente, tiene sus consecuencias en nuestra personalidad o, como mínimo, en nuestra emocionalidad. Y, desde mi punto de vista, no son mayoritariamente buenas.

    Entiendo que tales consecuencias no se deben exclusivamente al propio contenido de la información sino que tiene mucho que ver la manipulación involuntaria de la misma, inevitable, y, en mayor medida, al uso pervertido e intencionado del lenguaje. Entiéndase que me refiero al lenguaje en sentido amplio, incluida la selección de las imágenes.

    Las perversiones políticas del lenguaje no se dan únicamente en los políticos, ni mucho menos. El uso torticero del idioma es extensivo al mundo del periodismo, auténticos maestros en estas malas artes, e, incluso, a los humildes ciudadanos. No se libra nadie, ni como emisor ni como receptor.

   El problema más serio no está en la manipulación de la información sino en la manipulación del pensamiento de cada persona a través del lenguaje utilizado. Pero se equivoca el que piense que esta es una visión conspiranoica o exagerada. No es que haya un cerebro superior que maneja los hilos. Es algo bastante más natural, digámoslo así. La manipulación emocional del lenguaje aparece en el hombre antes que el propio lenguaje idiomático. No hay más que escuchar –y ver, que también los gestos son comunicación- a un niño pequeñito cuando quiere conseguir algo. La intención de sus gestos, de las palabras que usa, de la entonación o de la pronunciación no es voluntaria, pero es eficaz, produce los resultados apetecidos. Es después, cuando empieza a adquirir la experiencia, cuando empieza a unir medios con logros, que aparece la voluntariedad como técnica cada vez más eficiente.

  Pues bien: eso permanece y se perfecciona con la edad, con la experiencia y con la sistematización. A lo que vamos: cristaliza la cosa en el uso pérfido, tramposo y manipulador del lenguaje sabiendo de antemano el efecto que va a causar en los demás, en los millones de “demases” que leen, ven y escuchan los medios de comunicación. ¿Alguien piensa que las mentiras despatarradas, las bochornosas medias verdades, el cambio de significado de las palabras, la puesta de moda de expresiones nuevas o el vaciado de contenido de otras, todo ello tan brutalmente cotidiano, es algo casual o aleatorio? ¿Alguien continúa pensando que no hay un porqué y un “paraqué”?

  El extravagante, conflictivo, manipulador y peligroso Karl Kraus lo tenía muy claro cuando escribía en La antorcha: “Las sátiras que entiende el censor deberían estar prohibidas.” Cambien ustedes “censor” por lo que quieran. Ustedes mismos, por ejemplo.

Arga-ko urretxindorra

lunes, 23 de abril de 2012

La mentira y la desfachatez: marca registrada en el PSOE

Hay algo evidente: la mejor defensa es un buen ataque. Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, vuelve hoy a hablar, en rueda de prensa. Y dice cositas como esta:

“Todos somos responsables del déficit, todos los que gestionamos la política y sobre todo los que gestionan la economía, tanto en la Unión Europea como en nuestro país."

“No es muy serio ni transmite mucha confianza ni dentro ni fuera del país que el PP se dedique permanentemente a echar la culpa de todo al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.”

"Están gobernando ellos y se tienen que hacer cargo ellos de la situación. Son iguales cuando están en la oposición y cuando están en el Gobierno: sólo saben hacer oposición, en este caso a la oposición." Y sentencia Elena Valenciano: “que asuman de una vez su responsabilidad."

Me veo en la necesidad de hacer un inciso: debo indicar que esto lo dice la segunda del PSOE cuatro meses y dos días después de haber dejado el gobierno tras estos últimos 8 años. Pero no queda ahí la cosa. Como se ve, pasa de una decepcionante e insultante defensa -¿TODOS somos responsables?- a armar el ataque. Y sigue:

"Van dando hachazos –se refiere al Gobierno de Rajoy, claro-  en función de lo que su ideología va determinando y eso no es lo que la sociedad española ha decidido."

"O paramos al Gobierno del PP en esta deriva, o el Gobierno del PP va a parar a la sociedad española", y alienta a las familias a “defenderse”. Como se ve, todo ello con el más refinado talante y sin acritud, que dirían Rodríguez y González.

Estas declaraciones de la ínclita señora Valenciano, coincidentes, casualmente, con las de Tomás Gómez llamando a la acción y a las respuestas sociales contundentes, se producen pocas horas después de que Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, haya certificado sin ninguna reserva que el déficit público de España durante el 2011 fue un 2,5% mayor del que declaró el Gobierno socialista, y que el Gobierno de Rajoy elevó al 8,5%, cifra exacta y real, según se confirma hoy.

En tiempos de González y Guerra, S. L., los socialistas hicieron de la mentira una forma de gobierno; y cuando ya no les quedó ni la mentira, pasaron a la desfachatez. Pues en esas estamos. Lo peor no es que mintieran y sigan haciéndolo. Lo peor es que lo hacen con tal desfachatez que resulta de una falta de respeto a los ciudadanos, de un insultante a nuestra medianera inteligencia que debería considerarse delito. Una cosa es no pedir perdón, que para eso ya está Juan Carlos, y otra es que atraquen como lo hacen y que el que tenga que disculparse sea la víctima. Pero, como decía aquel séneca, “hay gente pa tó.” Confróntese con los resultados de las últimas elecciones andaluzas y asturianas.

Por cierto, que no me gustaría acabar sin dejar constancia de que Elena Valenciano ya ha pedido que se rectifique su currículum vitae en la página del Parlamento Europeo en lo que a sus títulos universitarios se refiere. Fue eurodiputada del 99 al 2008. Después de 12 años y 8 meses, durante los que ha figurado que era licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas, ahora aclara que se produjo un error de traducción. La mujer no se había fijado hasta ahora. Se lo tuvieron que decir otros. Según ella, quiso decir, hace casi 13 años, que tenía estudios de derecho y políticas y se lo tradujeron mal. Por aquello de la mentira y la subsiguiente desfachatez de las que estos compañeros son impenitentes practicantes, aclaro: se matriculó en Derecho y “se aburrió” –son sus palabras-. Después se matriculó en Políticas y también “se aburrió”. ¿Le tradujeron mal –la culpa siempre es de otros- en el Parlamento Europeo? No, señor. Ella, de su puño y rosa, perdón, puño y letra, escribió en el formulario que le dieron, en la columna de “Formación: títulos y diplomas”, lo que después se publicó en su ficha parlamentaria. Y lo firmó. No hubo traducción. Hubo mentira y 12 años y 8 meses de desfachatez. Grande la Valenciano, muy grande.

Arga-ko urretxindorra

domingo, 15 de abril de 2012

Navarra y su nacionalismo vasco: los errores del resto de España (I)


Como he dicho en alguna ocasión, una de las bazas que juega el nacionalismo militante es la de llevar la delantera en su actividad. De esta manera, la vieja dinámica acción – reacción entra en un bucle inacabable que reporta grandes beneficios para el nacionalismo. La iniciativa de la acción, casi siempre, corresponde a estos mientras que el Estado, en primer lugar, y por extensión, el resto de la sociedad española en segundo, solo reaccionan.
                Desde un punto de vista meramente táctico, el nacionalismo parte en desventaja. La cuestión es evidente. Tratan de conseguir “algo” que no poseen, léase independencia de España –y de Francia-. La posición de fuerza, en términos militares –y en cualquier otro-, la tiene España. Es decir: España es, mientras que Euskal Herria no es, por lo que ha de inventarse y conseguirse. Esta es la situación táctica.
                Sin embargo, estratégicamente, la situación cambia. La mayor parte del tiempo, la posición estratégica del nacionalismo suele ser, tanto históricamente como en el presente, mejor que la de “sus enemigos, lo españoles”, utilizando su lenguaje. El nacionalismo suele llevar la iniciativa y el Estado –de derecho, no lo olvidemos- suele ir por detrás en reacciones, muchas veces, inmediatas, poco meditadas u obligadas por las circunstancias del momento.
                Uno de los profundos errores cometidos por la sociedad española es el haber hecho extensivo o, peor aún, haber hecho uno solo el nacionalismo vasco y lo vasco. Este hecho ha sido una estrategia propia de los nacionalistas que ha tenido un éxito total. La mayor parte de la sociedad española actual considera lo vasco como lo nacionalista vasco. Es decir, considera lo vasco con las mismas características negativas que tiene el nacionalismo vasco. Hasta tal punto es así que lo vasco, en general, es experimentado como algo intrínsecamente malo, como algo peligroso en sí mismo, como algo de lo que hay que defenderse y, en consecuencia, se convierte en una suerte de enemigo. Puesta la trampa, cayó el oso.
                Sin entrar en detalles, este es uno de los grandes éxitos de la estrategia nacionalista. De una parte, estos se han apropiado de lo vasco de manera indecente. O, de otro modo: han hecho que todo lo que no sea nacionalista no pueda ser considerado como vasco. Y ha tomado carta de naturaleza, tanto en los territorios vascos y navarro como en el resto de España. Este hecho, tan importante para los objetivos nacionalistas, se ha consolidado de tal manera que es algo asumido por la sociedad a pies juntillas. La consecuencia directa es la puesta en realidad de algo meramente teórico: la dialéctica nosotros – ellos y sus consecuentes: los buenos – los malos; el enemigo; los malos chicos, pero nuestros al fin y al cabo (Arzallus dixit) – los otros; los moralmente justificados – los inmorales; los opresores – los oprimidos.
                La unificación artificial entre lo vasco y lo nacionalista vasco es, a mi juicio, uno de los errores más importantes que ha cometido la sociedad española y que les ha dado alas estratégicas de mucha fortaleza. Como he tratado de indicar, las consecuencias de este hecho, repito, artificial, son muchas y pésimas, pero básicamente, dan validez a la existencia de dos bloques en lucha y a toda una retahíla de conceptos falsos pero validados en los que se asienta el sentido de existencia del nacionalismo vasco.
                Como decía al principio, la posición táctica de los nacionalistas es débil. Sin embargo, sus estrategias han dado frutos positivos para ellos, en muchas ocasiones, con la connivencia indecente de determinadas instituciones y políticos y con la ignorancia del asunto tan extendida en el resto de la sociedad española.
                Termino: que en el resto de España se reciba en un estadio de fútbol a Osasuna, equipo navarro, como si fuera el enemigo nacionalista; que en el resto de España se asimile un navarro del Roncal cantando un zortziko a un independentista; que en el resto de España se considere el nombre de un nuevo barrio de Pamplona, Gorráiz, por ejemplo, como una concesión al nacionalismo vasco, es tremendo y brutalmente injusto. No nos damos cuenta de que tales reacciones hacen el juego a la estrategia nacionalista mejor que ninguna otra cosa, porque ahonda en la supuesta existencia de dos bloques y obliga a tomar partido en circunstancias en las que, mejor para todos, sería no hacerlo. Tales consideraciones, en primer lugar, son completamente falsas: lo vasco no es nacionalista vasco. En segundo lugar, cuando un no nacionalista se ve poco menos que atacado por estos u otro hechos de cariz semejante, se encuentra entre la espada y la pared: él no es nacionalista pero el resto de los españoles lo consideran así. ¿Cómo se espera que reaccione? Cuando la presión, día a día, hora a hora, es tan terrible, presión física, presión de terror, presión de vida o muerte por no ser nacionalista; y buena parte del resto de los españoles ya te han sentenciado por ser vasco, se olvidan de ti o entienden que todo el problema radica en que “no tienes redaños, no tienes lo que hay que tener”… el vasco no nacionalista y el navarro, se encuentra solo: atacado por unos e incomprendido y juzgado por otros. ¿Cuántos héroes caben en un metro cuadrado?
Mientras el resto de España no consiga volver a la realidad en este asunto, a no confundir lo vasco con lo nacionalista vasco, a contemplar lo vasco como genuinamente español, le estará haciendo el juego al nacionalismo y le estará dando vida y fuerza.

Arga-ko urretxindorra

sábado, 14 de abril de 2012

Navarra y su nacionalismo vasco (I)

En buena parte de España sigue sorprendiendo la existencia de un nacionalismo vasco en Navarra. Pero, naturalmente, existe y, por tanto, hay razones para que así sea.
                En mi opinión, en España se conoce bastante mal el mundo nacionalista y, de alguna manera, eso hace que se cometan errores de bulto en las opiniones, en las políticas específicas y en las reacciones de la sociedad frente al hecho nacionalista y a los hechos nacionalistas.
                Si esto es así en términos generales, mucho peor es el caso de Navarra. De por sí, la propia región es poco conocida, dada su pequeña importancia demográfica y una idiosincrasia poco abierta en términos generales y poco dada a los excesos. Sin embargo, el papel de Navarra en la política nacional, desde el punto de vista del hecho nacionalista, es muy superior al que se cree. Tanto es así que, a mi juicio, una buena parte de los movimientos del nacionalismo tienen mucho que ver con Navarra.
                Comenzaré aquí una serie de entradas que pretender dar a conocer un poco mejor el tema. No busco la profundidad ni la profusión histórica o sociológica. La finalidad es, como decía, tratar de conocer el porqué del nacionalismo vasco en Navarra, su evolución, su situación actual, sus armas, sus estrategias y la realidad de la Navarra actual en este asunto tan importante para sí misma, para Euskadi y para España.
                Al propio tiempo, por supuesto que daré mis opiniones y mis propias tesis que pueden ser contestadas y rebatidas por cualquiera. Para dejar claro desde un principio mi punto de partida, algo que me parece necesario por honradez, diré que no soy nacionalista vasco; que no soy euskaldun; que soy navarro y español; que siento lo vasco como algo específicamente mío y propio de mi ser; y que entiendo que ser navarro es ser vasco y algo más: es decir, un modo particular de ser español.
                Una de las cosas más dolorosas y cretinas, a la par que indecentes, es la instrumentalización impúdica que de lo vasco se hace, se ha hecho y se seguirá haciendo. Por un lado, la apropiación chulesca e inaceptable que los nacionalistas han llevado a cabo de lo vasco. De otra, la connivencia de buena parte de los políticos del resto de España con esa apropiación, que ha dado carta de naturaleza a algo que no es otra cosa que un maldito expolio. Y, por último, el desconocimiento y las reacciones absurdas de buena parte de la sociedad española ante lo vasco. Como si lo vasco no fuera parte esencial de España y ser vasco fuera, en sí mismo, lo antagónico a ser español.
                Y, en medio de este panorama desolador para mí, se encuentra Navarra, desconocida, manipulada, incomprendida y maltratada en demasiadas ocasiones por unos y otros. Nadie piense que aquí hay un “nacionalista navarro”: para nada. Pero sí un navarro. Y alguien a quien no le importa defender lo que cree que es justo.
Arga-ko urretxindorra

sábado, 31 de marzo de 2012

El día después de una huelga general indecente


Me llamo Pedro y tengo nueve años. Escribo esto porque estoy muy contento. Llevaba mucho tiempo triste porque, en mi casa, éramos pobres. Y mi papá y mi mamá, pues no hacían nada, más que estar callados y serios. Mamá solía llorar enseguida y a papá también le vi hacerlo en su cuarto una noche que me levanté a hacer pis. Pero el otro día pasó una cosa que lo ha cambiado todo. Hubo una cosa que se llama huelga general. Y ya no somos pobres. Mi papá y mi mamá se han ido a comprar y han traído un montón de bolsas con muchas cosas. Han traído jamón. Y mis hermanos y yo nos hemos puesto como el quico de comer porque nos gusta un montón, pero hacía mucho que no había en casa.
Mi mamá estaba llorando otra vez pero ahora no era de pena, porque lloraba y se reía todo a la vez: no sé cómo lo hace. A mis hermanos y a mí nos besó muchas veces; al principio me gustaba porque hacía tiempo que no me daba besos. Pero luego yo no quería porque me mojaba con las lágrimas y me espachurraba mucho. Y mi papá la cogió y la levantó del suelo dos o tres veces y se dieron unos besos… en la boca ¡Puaj, qué asquete!
Mi papá no trabajaba. Bueno, antes sí, pero luego no. Se paró o se quedó parado, o algo así. Y después, mi mamá tampoco trabajaba y se quedaba en casa también. Y nos hicimos pobres. Hablaban poco y, a veces se enfadaban con todos. Mi madre nos gritaba por nada y mi padre daba algún portazo o puñetazos en la mesa sin decir nada. Y mis hermanos y yo nos asustábamos y nos poníamos tristes. Mi hermana Laura, que tiene cuatro años, se echa a llorar cuando a papá se le hincha la vena.
Lo bueno es que ahora veíamos más a la abuelita Chelo. Porque venía a casa muchos días y siempre nos traía cosas del súper. Yo le ayudaba a subir las bolsas cuando llamaba al telefonillo. Y también íbamos más a su casa los sábados y los domingos, a comer. La abuelita Chelo siempre se ríe y nos manda sacar a Ron a la calle después de comer para jugar con él. Ella se queda con mis papás hablando todo el rato. Y luego, nos da la merienda. A veces, nos trae ropa de mis primos, que son más mayores, y le dice a mamá que ya la ha arreglado para mi hermano Kico o para mí. Yo no sé qué le arregla porque solo se arreglan las bicis o los coches pero la ropa no.
Mi mamá nos ha dicho que después de lo que pasó el otro día, lo de la huelga general, ya está todo bien y que, como ya no están parados, nos vamos a ir a comprar zapatillas nuevas a un sitio que se llama El Corte Inglés, que es de ricos; pero como nosotros ya no somos pobres, podemos ir tranquilamente.
Mi papá ha dicho que se va a comprar un coche porque el que teníamos lo vendió. Le ha dicho a mamá que le han llamado del banco, pero yo no le he visto enfadado como otras veces. Era por no sé qué de que le iban a regalar dinero o a dejárselo para su coche y para lo que quiera hacer con él. Es la primera vez que está contento aunque hable del banco.
Mis papás nos han dicho que ahora tenemos un cumpleaños más, que es el 29 de marzo y que siempre vamos a hacer una fiesta para celebrarlo. Que con la huelga general, todo se ha arreglado y vamos a estar muy a gusto y muy felices siempre. Y me han dicho que ahora tenemos que rezar a unos santos nuevos que se llaman San Toxo y San Cándido, y otros más que no me acuerdo, porque nos han salvado de ser pobres.
Y ya me despido porque nos vamos a ir al zoo, que nunca hemos estado, y, además, al macdonals a comer.
Pedro.
Arga-ko urretxindorra